El nombre de la rosa. Umberto Eco

El_Nombre_De_La_Rosa

Como suele suceder, el libro es más duro que la película. Y es que el cine, y sobre todo en los ochenta, es un medio adepto a los finales felices. La novela de Umberto Eco es mucho más densa, más displicente, no intenta agradar al lector, no intenta que al acabar el libro y cerrarlo, o apagar el e-book, como si se saliera de la sala de cine, se acabe con una sonrisa en los labios. Más bien con una máscara de estupor, con un aura de reflexión y de meditación sobre la impenetrabilidad de la condición humana.

Como ya sabrán “El nombre de la rosa” trata sobre una serie de misteriosos asesinatos en una abadía apartada, una abadía que cuenta con una importante biblioteca y escuela de copistas que se encargan de transmitir el saber a lo largo de los siglos. Respecto a esto en el cine la pregunta básica, el objeto de la obra, es la intriga por saber quién es el asesino. Sin embargo, y he aquí la clave para entender la novela, aunque hayan visto la película, aunque sea una de sus favoritas, de sus títulos de culto, pueden leer el libro y les resultará una sorpresa puesto que en “El nombre de la rosa” como novela el propósito de la obra no es saber la identidad del culpable, esto es casi secundario, sino identificar, desentramar, las razones por las que actúa el asesino. Y para ello la documentación histórica sobre un periodo conflictivo de la historia de Occidente, como es la Edad Media y el cisma católico, inmerso en un mundo de herejías e inquisidores, es soberbia, las disquisiciones sobre la manera de pensar de las gentes en aquella época son imprescindibles, y lo primero que alienta a un lector a continuar hasta el final es la sorpresa ante que personas que genéticamente son muy parecidas a nosotros, no somos tan diferentes de los seres del medievo, pudieron concebir la realidad de un modo tan distinto.

Y sin embargo, “El nombre de la rosa” es al mismo tiempo de exultante actualidad. Suele decirse que la buena literatura histórica, que la buena literatura de ciencia-ficción, es aquella que hablando de mundos foráneos es capaz de explicar la contemporaneidad. Y  en “El nombre de la rosa” esto no es una excepción. Un periodo repleto de herejías, de personajes como el Papa encabezonado en una visión bastante coartante del mundo, una cohorte de inquisidores que juzga y quema a todos los que no estén de acuerdo. Seres que, ante estas imposiciones, se sienten como aprisionados, como encadenados ante una cárcel. Y ante esto algunos se comportan como fanáticos cuyo único propósito es la destrucción del orden establecido, a la par que otros prefieren postular doctrinas más cercanas a la resistencia pacífica, al desarrollar modelos de vida alternativos como solución al dilema. Y por último está el camino del medio, el del librepensador, como el desarrollado por el protagonista Guillermo de Baskerville, que trata de escapar de cualquier fanatismo, de cualquier condicionamiento, ya sea de un lado o del otro, para quien el mal, el demonio, no es la destrucción, sino la obsesión. Un pensamiento el de este hombre brillante, luminoso, pero que descorazona que a menudo no sea comprendido.

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Un pensamiento en “El nombre de la rosa. Umberto Eco

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