Les miserables

Después de ver “Los miserables” ahora entiendo por qué las adaptaciones cinematográficas de “El señor de los anillos” son una basura. Por supuesto, no digo que la película dirigida por Tom Hopper sea la versión definitiva de la novela de Víctor Hugo, que no se podría haber hecho mejor. Hay partes que flojean, es normal si dura más de dos horas y media. Hay cosas que no se entienden o son demasiado rápidas, por lo que, al contrario que muchos opinan que es demasiado larga, yo diría que le faltan veinte minutos.
Sin embargo, queda esa humanidad, esa humanidad con mayúsculas, sin discursos vacuos ni conceptos grandilocuentes, agradecer que las canciones no hayan sido interpretadas como en el teatro, como la mayoría de los musicales, sino que se deje traslucir la emotividad de los personajes, los sentimientos, la carga anímica que emanan. Conmueve. Hay partes en las que se le saltan a uno las lágrimas, que nos quedamos enamorados de Anne Hathaway y su interpretación de “I dreamed a dream” que sin duda pasará a la historia del cine.
También es la materia prima. No es un anillo de poder, que provoca obsesión y adicción, no es un droga, que en verdad eso es el anillo único: una droga dorada. Se trata también de un anillo, mas en esta ocasión de un anillo de miseria, de un círculo que envuelve a la persona y le sume en un estado de pesadumbre y de opresión, en un pozo sin fondo del que quiere salir pero no puede, como la pescadilla que se muerde la cola, las circunstancias no son las propicias, cuando se cierra una puerta se espera a que una ventana se abra, pero no lo hace, la espera se hace demasiado larga, y se acostumbra uno a la miseria, a no tener nada, a no poseer nada, a perder la dignidad, preguntándose qué sucedió, interrogándose qué pudo ocurrir, murmurando por qué el mundo parece que no le ama, por qué no le respeta, terminando por odiar al universo y a la humanidad.
Los miserables, tanto la novela, como el musical, como las películas, es una obra sobre la miseria, existiendo muchos tipos de miseria. No solo la material, también la anímica, también la moral. Pero es ante todo una obra sobre la redención, sobre la necesidad de una segunda oportunidad, sobre el deber de aprovechar las segundas ocasiones cuando aparecen, de cambiar nosotros mismos y de cambiar el mundo a nuestro alrededor.
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