Teorizando sobre el terror

Hace tiempo asistí a un concurso de relatos que consistía en escribir un pequeño cuento de terror ambientado en un albergue en la sierra. Los resultados fueron todos de lo más convencional. Un fantasma del pasado, un hombre lobo, un vampiro que poco a poco va anulando tu voluntad, un demonio ultradimensional que engulle el universo entero, sectas satánicas, sacrificios humanos, una horda de zombies devorando cerebros,… Como he dicho, todo de lo más normal. Los que me conocerán sabrán que me gusta rizar el rizo así que traté de hacer algo diferente.

Plena madrugada, desde el dormitorio nuestro protagonista cree escuchar mal cuando le llegan los sonidos del agua cayendo en la ducha. Se levanta con los ojos legañosos a la par que intrigado. Que él sepa, en su habitación no hay nadie más que él. Sigilosamente se acerca y cuando corre la cortina de la ducha sus ojos casi se salen de sus órbitas y su garganta lanza un grito que se escucha en todo el valle, como si le estuvieran desollando. Peor aún que si le estuvieran desollando. La visión es tan horrible que no puede describirla, sale corriendo tratando de huir, tratando de que aquella imagen se desvaneciera de su mente. Pero otra aparición aún peor le espera en el salón. No puede creerlo, no puede concebir quien pudiera querer gastarle semejante broma o hacerle padecer de esa manera. Porque si fuera un zombie podría soportarlo, igualmente si se tratase de un hombre lobo o de un vampiro. Pero aquello… Esas tetas recauchutadas, ese pelo lacio y teñido, la piel prematuramente envejecida a base de sesiones de rayos ultravioleta, esos labios hinchados de colágeno… Ocurría que su habitación del albergue se había convertido en el escenario de un gran hermano de celebrities. En el sofá estaba sentada Belén Esteban, a su lado John Cobra y el Conde Lecquio, y desde la ducha ahora llegaba Carmen de Mairena con una minitoalla cubriéndola. En ese instante nuestro protagonista descubre la cámara en la pared e intuye que tras ellas se encuentran millones de espectadores contemplando su estupefacción. Es en ese momento cuando el alma se le cae a los pies, al entender que ante sí tiene un país al que se le agota la imaginación, que rechaza todo aquello resulta diferente, controlado por unos políticos corruptos e incapaces que sin embargo doman a las masas a base de pan y Belén Esteban. Entiende que no hay lugar para él, que ese mundo que paulatinamente va creándose a su alrededor le excluye y que no quiere vivir en él. Desesperado vuelve al cuarto de baño y con las bragas de Carmen de Mairena se ahorca de la barra de la ducha.

A mí esta versión me parece mucho más terrorífica que otras. Aunque por supuesto nadie la entendió.

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