Camino

Vi Camino en la semana de su estreno. Hacía tiempo que no iba al cine a ver películas españolas de estreno y Camino… no sé cómo explicarlo, me dejó un carrousel de sensaciones contradictorias. La primera es que Javier Fesser había cambiado completamente de registro: de hacer películas cómicas a base de una sucesión ininterrumpida de gadgets que no llegaban a los 90 minutos ahora se dedicaba a rodar tostones dramáticos incomibles de dos horas y media. Francamente, lo que quería contar lo podría haber hecho en un mediometraje de cuarenta minutos. Y es que durante dos horas no pude hacer otra cosa que revolverme en el asiento ante por un lado, un ataque continuado contra un estilo de vida religioso que me da lo mismo, no me interesa en absoluto, y por el otro, un ensalzamiento de la vida adolescente excesivamente almibarado que a mí, particularmente, me dan arcadas. Sólo al final te das cuentas de que la película se apoya en una idea de partida original, que posiblemente a una niña de once años que se está muriendo de cáncer, más que el condicionamiento mental impuesto por su madre que le come la cabeza con la religión, quizás lo que a ésta le interese más sean los chicos, los vestidos que la hagan atractiva, los diseños de “Hello Kitty”, o las películas de Disney, en particular “La cenicienta”. Pero, esta idea de partida, después de pensarlo y darle vueltas, uno cae en la conclusión de que si se quisiese se podría haber desarrollado en un contexto muy diferente al del Opus Dei. Una niña que se está muriendo, un mundo al que pertenece, y otro del que quiere formar parte pero no le dejan y en sus últimos momentos esta frustración aparece y se deja translucir. Es decir, al final queda el regusto en la boca de que la mención al Opus Dei y a la niña santa “Alexia Gómez Barros” (no me acuerdo exactamente del nombre) es gratuita y se debe más bien a una cierta obsesión del director. El hecho de que cada dos minutos prácticamente haya una mención a Dios y a Jesús, y que la enfermedad de la niña se debe a un designio de éste… Entiendo que esa manera de pensar sea un poco absurda y digna de ser puesta en duda, pero la insistente insistencia, valga la redundancia, el hecho que toda la cinta sea eso, ya es una cuestión de radicalismo beligerante. Uno descubre que al final “Camino” se trata de una denuncia más que de la historia de la niña. Pero si se trata de una denuncia entonces habría que hacerle ver a Javier Fesser que si la religión es una píldora edulcorante, Disney y La Cenicienta también lo es. Es decir, ha sustituido una píldora edulcorante por otra, un tipo de manipulación por otro. ¿Cuál es su mensaje entonces? Trata de eliminar un comecocos y lo sustituye por otro comecocos.

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