Archivos Mensuales: agosto 2013

Arcadia

O “Le couperet”. Película del director griego Constantine Costa-Gavras estrenada en el 2005. Costa-Gavras es un director contestatario aunque sin llegar al extremo del fanatismo ni de la exaltación. Se puede definir como un cineasta cómodo de ver pero que abre conciencias. Sin llegar a los límites de la virulencia, su mirada es inteligente y no exenta de cierta mala leche.

La película cuenta la historia de Bruno, un alto ejecutivo de una industria papelera que es despedido debido a una relocalización de su empresa. Al principio no teme puesto que piensa que el mercado laboral es ágil y que pronto conseguirá un nuevo empleo. No obstante, cuando pasan tres años, la situación cambia, la desesperación llama a su puerta. Comienza a recapacitar y surgen unas reflexiones bastante amargas y profundas. Todo lo que le rodea, todo ese refugio de comodidad, ese confort, que se plasma en coquetas residencias de jardines de césped bien cuidado y cortado periódicamente, se sustenta sobre un volcán latente. Mientras haya trabajo y se reciba un buen sueldo el monstruo queda apaciguado. Pero un mes sin empleo y la situación al completo se tambalea.

Bruno entonces medita un plan. Tiene una familia, unos hijos a los que alimentar, una hipoteca que pagar, y por ellos se convierte en un soldado de fortuna, en un agente libre. La sociedad es una selva, nadie va a luchar por él, nadie le va a hacer el favor, él es la madre jaguar que protege a sus crías. Concibe un plan para recuperar el status perdido, el cual es ni más ni menos que asesinar a todos los posibles candidatos al puesto de trabajo al que aspira.

La película, como he dicho, es del 2005. Desde entonces ha llovido mucho. Sus planteamientos se han repetido hasta la saciedad, ahora nos parecerían sencillos y poco elaborados. Pero aún así hay que concederle el mérito de ser una de las pioneras, incluso de suponer una cinta premonitoria. Por un lado, lo típico, la crisis. Todas esas familias arruinadas, todas esas hipotecas impagadas, la morosidad, los desahucios, el terror a quedarse en la calle. Mas por el otro es la antecesora de la temática narrativa de los tiempos presentes. Por ejemplo, en estos momentos en que me hayo enganchado a una serie como es “Breaking Bad”, con un protagonista, Walter White, una persona normal, corriente, teóricamente decente, pero que por las circunstancias se ve empujado a cometer actos criminales, ahora descubro que tuvo una predecesora en Arcadia. La furia que emana de la clase media, la violencia que surge de la rotura del conformismo, cuando la economía se convierte en una selva.

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No politicians in Spain

Esto es para nosotros que toda nuestra vida ha transcurrido en plena decadencia de Occidente, sin saber cuándo terminará, cuando llegaremos al fondo del pozo, y si seremos los afortunados en contemplar el repunte.

Sigues adelante, a pesar de las calamidades, de las envidias, de los desafueros, de los obstáculos. Caminas hacia el frente, un paso, después otro, sin desfallecer, sin pensar siquiera en detenerte, los músculos no se mueven porque lo desees sino por pura inercia. Y a veces te gustaría parar un instante, tan solo unos segundos, para reflexionar por qué lo haces, por qué no paras de avanzar. Hasta que llegas un momento en que dices: ¡Basta!

Toda la vida estudiando. Una carrera en la universidad, dos másteres, no sé cuantos cursos. Resulta que en tu país no tienes trabajo y emigras. Y acabas de friegaplatos durante los primeros meses en un hotel británico porque aunque te has hartado de aprendes el idioma no has alcanzado el nivel nativo. Tienes que perder ese acento, dicen, tienes que hablar el inglés como si no pensarás. Eso es ridículo, si hasta en castellano tengo que detenerme para pensar lo que digo. Pero pareciera que por ser extranjero, si quisieras trabajar con ellos, debieras tener el don del pico de oro, que como he dicho no es mi caso.

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El atlas de las nubes

O la última de los hermanos Wachowski. Bien hecha, bien dirigida, bien tramada para mi gusto. Pero sin llegar a la calidad de Matrix. De nuevo los Wachowski recaen como en V de Vendetta en el discurso de lo bienintencionado: la grandeza del amor que lo puede todo, los pequeños gestos que como la semilla del árbol de la mostaza pueden dar lugar a enormes raíces. Filosofía barata. De nuevo es esa búsqueda de lo ingenuo, un discurso que casi pudiera decirse adolescente. Al final de la tercera parte de Matrix aparece el arquitecto que más o menos indica que la paz perdurará mientras nadie la estropee. Ese es un planteamiento maduro. Habla sobre el futuro, sobre las consecuencias de nuestros actos, sobre el fatuo valor de los sacrificios si acaso no somos capaces de sacarles provecho. Sin embargo, V de vendetta termina, y concluye con algo muy sugerente, muy adolescente, la rebelión. Pero, ¿y qué ocurre después? ¿Será el pueblo capaz de autoorganizarse o las mafias camparán a su gusto y doblegarán a los humildes? ¿Quiénes serán los políticos que sucedan al dictador? ¿Serán corruptos, robarán, se enfrentarán entre ellos? ¿Es posible que la situación pudiera desembocar en la guerra civil? V de vendetta es el gran cuento de hadas del siglo XXI en cuanto que como con los cuentos de hadas de antaño concluye con el “y fueron felices y comeremos perdices”, pero no narra lo que ocurre después.

En lo referente a “El atlas de las nubes” se respira ese mismo planteamiento, esa misma ingenuidad. Todo es bueno, todo es maravilloso, una persona en el momento justo y en el lugar justo puede ser capaz de cambiar la historia.

Aunque hay que reconocer que si nos apartamos de lo políticamente correcto del mensaje, el planteamiento es hasta cierto punto original. Es como “Babel”, de Iñárritu, pero con saltos en el tiempo. En Babel todo está conectado, como el efecto mariposa, un hecho eventual en África desemboca consecuencias inesperadas en el otro lado del mundo. En el Atlas de las nubes se conserva lo de que todo está conectado en el sentido de que un acto de rebelión en el pasado puede servir de referente e inspiración para las generaciones futuras.

Ahora bien, es original y llamativo en la novela, donde cada historia se desarrolla en un capítulo aparte. Pero en la película donde todas las tramas conviven paralelamente y se salta de una a otra sin ningún pudor, el significado se diluye, no se nota, no se percibe tanto como debiera.