Atractor extraño

Mi cuerpo nunca es el mismo. Mis células se reproducen, mueren y son sustituidas por otras. Mis órganos sufren daños y se regeneran. Mi piel, mi rostro, aunque parezcan iguales, no lo son. Hay granos, barrillos, puntos negros, heridas, que tal como aparecen se van. Y lo mismo ocurre con mis recuerdos. Asemejase que mis remembrazas de la infancia, de la adolescencia y del paso a la madurez fuesen las mismas, pero cada vez que sueño, cada vez que cierro los ojos, se les añaden nuevos matices, son contemplados desde diferentes perspectivas. Ante estas circunstancias debería resultarme un milagro que se me siga reconociendo o, mejor dicho, que me sigas negando otra oportunidad. Cambio, muto, casi imperceptiblemente, pero lo hago. Lo que ves de mí es como un fantasma, una efigie magnética, hacia cual las células y los recuerdos son atraídos como imantados, pero nunca con la misma posición, parecida, similar, mas no idéntica. Entonces, ¿no habrá ninguna configuración de mi ser que te agrade? ¿No existirá ninguna versión de mí mismo que cumplimente tus expectativas? ¿Tan cerrado es acaso tu ansia y tu deseo, tan terco que no habrá nada de mí como fantasma, como atractor extraño, que te interese?

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