Los dragones pasan

Los mundos imaginarios vienen y van, cada vez me cuesta menos distinguir lo real porque es lo permanente, lo que nunca cambia.

Comienzo a comprender a aquellos cuya vida consiste en viajar, o simplemente en moverse de situación en situación, aunque suene mal de flor en flor, de amante en amante, de trabajo en trabajo, de ciudad en ciudad, entre un puerto y otro.

Pero aún así hay que luchar contra los dragones que pasan: la enfermedad, la muerte de los seres queridos, la finitud de tu propia existencia, los accidentes, los amores no correspondidos.

En el pasado sólo los héroes y los santos guerreros pudieron afrentarles.

Y quien fuera caballero de brillante armadura y lanza en ristre para poder resucitar, para curar el cáncer, para detener con mi escudo la envidia y la incomprensión;

para poder orar y volver al pasado y habitar como si aquello nunca hubiese ocurrido.

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