Caníbal

Ya contaba yo con las esperanzas de que el gafapastismo se hubiera pasado de moda, y su influencia se hubiera desvanecido del cine español. Una de las únicas consecuencias positivas de la crisis, argumentaba yo, que por los malos resultados nuestra cinemateca patria saliera de su estado de ensimismamiento y autocontemplación, que dejara de fijar su objetivo inmediato en el adoctrinamiento político e ideológico de la época de Zapatero.

Pero con Caníbal se ha vuelto a las andadas. Un asesino tipo Jim Jarmusch, los típicos asesinos lentos y minimalistas desarrollados en España por Eduardo Rosales, y ahora por Manuel Martín Cuenca, donde la trama descansa más en el retrato de la realidad del asesino, en demostrar que aparte de un criminal es un ser humano con unos quehaceres diarios y una actividad cotidiana, que en trabajar la tensión. Esta idea podría ser buena, podría resultar inquietante que quien menos te lo esperas resulte ser un psicópata caníbal que come mujeres. Y que diariamente hace lo mismo que tú excepto que a veces mata gente.

Pero por un lado se encuentra la preocupación de que a ver si va a suceder que si en el cine español es tan recurrente el minimalismo, esa fotografía tan estática, tan basada en imágenes condensadas tal que la cámara permanece en el mismo sitio durante segundos e incluso minutos sin apenas moverse, si no será porque en verdad los directores españoles aún no han dado con la tecla del dinamismo, ya sea por torpeza o por falta de ideas.

Y en segundo lugar la ideología oculta en la película. Manuel Martín Cuenca podría haber hecho del caníbal protagonizado por Antonio de la Torre cualquier cosa, podría haber inventado cualquier contexto, cualquier pasado. Pero yo no sé si es por obsesión personal o por simplemente hacerle la pelota a su público objetivo gafapasta, que el asesino es un capillita granadino vinculado al mundo de las hermandades. ¿Qué tiene que ver la religión con la psicopatía del personaje? ¿Es que pretende demostrar que existe una relación directa entre el concepto de culpabilidad del catolicismo con el hecho que el protagonista coma mujeres? Pues si es así no lo ha conseguido. Aparte de, ¿por qué la religiosidad y no por ejemplo la soledad del individuo posmoderno? O la alienación de la sociedad consumista. Parece que los cineastas españoles aún no han aprendido la lección de American Psyco. O más bien que siguen con sus obsesiones no superadas. En este caso la religión, y seguro que dentro de poco aparecen otras películas acerca de la guerra civil.

Por mi parte, que no soy capillita y ni estoy en contra ni a favor de la Semana Santa, simplemente me la suda, me da igual que el malo sea creyente o no. Por ello la película no me parece inquietante, para nada. Me lo hubiera parecido más si el asesino no perteneciera a una minoría tan evidente, sino a esa mayoría con la que convivo diariamente, consumista, de tendencia agnóstica o atea, obsesionada con algo con lo que ocupar la mente con el fin de evitar pensar en la realidad de la muerte.

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