Archivos Mensuales: diciembre 2013

La gran belleza

El infierno está en Italia. Escondido, oculto, camuflado tras un grosso velo de belleza, de mundanidad y de frivolidad. El infierno se halla en lo superfluo, en lo innecesario, en lo banal. El infierno se halla en todo aquello que oculta la nada, en el ruido, demasiado ruido, en la discoteca, en el puticlub, en la cháchara, bla bla bla.

En los últimos días se está hablando de “La gran belleza” como la película del año. Y quizás lo sea. La comparan con “La dolce vitta”, de Fellini. Sí, el tema es parecido. Pero por hacer comparaciones yo la relacionaría con “Saló o los ciento veinte días de Sodoma”, de Pasolini. Por supuesto “La gran belleza” es mucho menos violenta, mucho menos escatológica, pero no deja de evocar la decadencia, todo lo que se construye para conmemorar lo fatuo, lo inconsistente que se esfuma. Contemplando las andanzas de Jep Gambardella, desde mi sello personal me pregunto si sería capaz de acostumbrarme al lujo, al exceso, si podría aceptar tal despilfarro para rellenar de sentido un segundo. Gambardella es el nuevo dandy, el nuevo Oscar Wilde, el rey de un reino de seres cuya mayor aptitud de resistencia se basa en ser conscientes de su propio desengaño, de su propia miseria moral, y que por eso mismo persisten y son capaces de sobrevivir. La decadencia nunca acaba, nunca hay “el” lugar más bajo, las circunstancias en derredor no dejan de morir, de desaparecer, del mismo modo que aparecen otras nuevas, el infierno es infinito. Y si los mundanos siguen resistiendo es precisamente porque no aspiran a nada mejor; en el momento en el que no pueden, en el que necesitan algo más, aspirar a algo más, como el amor o la virtud, es cuando definitivamente se ven en la obligación de abandonar.

La  mundanidad finalmente como una clase de budismo, no obstante con la diferencia de que no es precisamente el camino del medio aquel que se sigue. Dejar de desear sumergido en el exceso, una bonita paradoja. Tal como lo es consumir energía para crecer en sobriedad.

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Resquemor científico

Es normal que te sientas así. Si te han educado para ser racional, para seguir los dictámentes de las teorías científicas, es lógico que si te dedicas al voluntariado, a apoyar a los más necesitados y desvalidos, que padezcas de un cierto resquemor científico. Porque al fin y al cabo apoyas a los débiles, a aquellos que según la selección natural se hayan en lo más bajo de la cadena de alimenticia, a los que habría que dejar que fueran eliminados para que la especie y la progenie se fortalezcan. Toda tu vida te han educado para pensar según Darwin. Cada vez que enciendes la televisión, sobre todo con esa manía tuya de visualizar los documentales de la dos, te machacan acerca de ideas que hablan de los perdedores de la evolución, de las víctimas del proceso natural, de los inadaptados que fueron y que seguirán siendo eliminados sin compasión. Pero resulta que ahora te gusta ayudar a la gente en apuro, que muestras conmiseración ante las desigualdades, e igualmente ocurre con los animales, albergas una cierta sensibilidad hacia aquellas especies que estamos condenando a la extinción. Y ante estas circunstancias, para ser consecuente, o mandas a Darwin a la mierda, o al voluntariado a tomar viento, o en cambio te dedicas a buscar una alternativa científica, una teoría racional (nada de diseño inteligente) que indique que no existen individuos ni culturas débiles, sino apertura de nuevos caminos, que la extinción no se debe a cuerpos fallidos o mal adaptados, sino que se han transformado en otras circunstancias, que no existe selección natural, sino coacciones en un mundo que habremos de transformar para que toda forma tenga cabida.

Consecuente

En tu caso el autoanálisis brilla por su ausencia, la paja en el ojo propio no es que sea una viga, sino que directamente te atraviesa la cabeza. Dices ser realista pero si lo consideras con mayor profundidad tu cerebro anda repleto de ideas felices. Por ejemplo, ¿qué es eso de que pretendes ser comunista, anarquista, o fascista, qué sé yo, cuando el consumismo te rebosa por las orejas? Y no es que sea culpa tuya, que se pudiera decir que no tienes palabra, sino sencillamente que esa es la cultura en la que has crecido. ¿Cómo pretendes ser comunista, anarquista, o fascista, si el consumismo te ha rodeado como el mar a un pez desde que has nacido? ¿Cómo hablas de nuevos mundos, de recuperar situaciones perdidas, si ni siquiera has vivido en ellas ni sabes en qué consisten? Hablas y hablas y tus palabras se muestran vacías. Engañas y manipulas, tratas de convencerme sobre ideales ficticios, sobre un pasado que según tú siempre fue mejor, y sin embargo haces oídos sordos cuando te muestro los testimonios de los sufrimientos y padecimientos de aquellos que sí los vivieron. En su lugar, para colmo, respondes que la culpa no es del ideal, sino de la corrupción de las personas que lo llevaron a la práctica. O de los políticos en la actualidad que ninguno vale para nada. En ese caso mírate en el espejo. ¿Tendrías la suficiente rectitud moral como para no desviarte de tus propósitos? ¿Tienes la cabeza los suficientemente cuadrada como para nunca llegar a dudar o a disentir de lo que haces? Ojo, no quiero dar a entender que no confíes en nadie, en alguien tendrás que hacerlo. Sólo que no esperes que sea siempre consecuente con lo que dice, si acaso en su mayor parte. Y si por casualidad llegaras a encontrar a alguien que siempre lo fuera, ten cuidado, huye de él, o de ella, pues se trata de un/a fanátic@, y lo más probable es que con el tiempo se acabe convirtiendo en tu enemig@.