Archivos Mensuales: abril 2015

Speed Racer

Mientras veía “Speed Racer”, de los Hermanos Wachowski, dio la casualidad que mi padre pasó por delante, le echó un breve vistazo de diez segundos, y comentó: “¿Desde cuándo has vuelto a las películas de Disney?” Pues lo dicho. Este comentario resume las sensaciones que te invaden con “Speed Racer”. Los Wachowski han cambiado los grises y los verdes de Matrix por un arcoiris estridente, las paradojas subversivas de “V de Vendetta” por algo que parece haber sido hecho para un público infantil, si es que hasta tiene chistes de monos. Al menos, si lo que quieres es ver una película de carreras, esto sí lo puedes obtener, con persecuciones y luchas en pista espectaculares, saltos acróbaticos y vehículos finamente caracterizados con mil y un detalles tal como si estuvieras ante un videojuego. En cierto modo parece que Speed Racer se adelantó a un título como Rompe Ralph.

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Paisaje aproximado. Peter Stamm

Paisajeaproximado

Desde el gélido norte nos llega el personaje de Kathrine que no protagoniza una novela negra como la mayoría de lo que nos llega desde la Península Escandinava, ni una de vampiros al estilo de “Let me in”. En realidad una historia sobre la verdad cotidiana, sobre las relaciones, sobre los hijos, sobre las mentiras que nos contamos a diario, sobre aquello que habemos de tragar para seguir adelante, solo que para un español la originalidad regenta en un paisaje nórdico que rodea la existencia de una mujer en cuya vida hasta casi los treinta años nunca ha descendido del Círculo Polar Ártico. Una novela que no es cálida, que no es pasional, que trata los vínculos amorosos de una manera pragmática bordando lo racional, con mujeres que toman la iniciativa, como tantas veces hemos escuchado que acaece entre los escandinavos, con un paisaje con un verano como un día de tres meses durante el cual los hombres se casan, y un invierno con una noche de la misma duración en la que se divorcian, mientras tratan de sobrevivir en ese panorama tan distante, en el que la protagonista, Kathrine, trata de buscar y desembocar en el paisaje aproximado de lo que ha soñado, lo que espera o lo que supone que aguarda.

The Act of Killing

En lo primero que pensé cuando salí de la sala tras visualizar “The Act of Killing” fue: “¿por qué veo cosas como esta?” Esa es una buena pregunta, y ya habrá otros días para contestarla. De momento decir que a lo mejor fui a verla porque no estaba convenientemente informado sobre lo que iba. En el cartel donde lo vi anunciado se exponía una retahíla de todos los premios y certámenes que había logrado, un escuetísimo resumen sobre que trataba de los asesinatos que se cometieron contra los opositores de la dictadura indonesia entre 1965 y 1966, y un cártel donde se observa un pez gigantesco en cuya lengua bailan un grupo de vistosas y coloridas bailarinas. Desde luego nada de esto prepara para lo que vas a contemplar.

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John Rambo

En principio es otra película de acción, donde para distinguirse la violencia es cada vez más cruda, más visceral (literalmente), con brazos cortados por las balas, cabezas explosionadas por francotiradores, soldados descuartizados en un tiroteo,… Tengo amigos flipados de las armas que no es que tengan un arsenal de fusiles en casa (en España estaría prohibido), sencillamente que a veces parece que su única conversación verse sobre estadísticas de armamento, de los kilopondios de fuerza que imprime un proyectil, de que es más potente, si una flecha lanzada por un arco o una bala de 9mm, etc. Esto es, no les hace falta tener fusiles, se los imaginan y los viven. Y a estos flipados les preguntas: lo que sale en John Rambo, ¿es verídico? Y te contestan: “Lo es”.

Aparte de que el cine de Hollywood se acerque a una mayor verosimilitud en su tratamiento de la violencia, y con ello te entre un escalofrío por dentro al contemplar la crudeza de la guerra, si hoy saco a colación esta película no es tanto por su argumento, o por sus cualidades en sí (que a excepción de los tiros no se diferencia de otras tantas cintas del montón), sino porque da la casualidad de que hace poco leí un cómic de Guy Delisle, “Crónicas Birmanas”, ambientada en la misma nación en la que se desarrolla John Rambo. Guy Delisle es un dibujante que viaja por el mundo acompañando a su esposa que es doctora de “Médico sin fronteras”, en un momento dado transita por Birmania (o mejor dicho, Myanmar) y más o menos lo que su obra narra es una autobiografía de sus andanzas por allí. Guy Delisle no es para nada violento, no se vayan a pensar. Describe personas, géneros, situaciones a veces cómicas, a veces extrañas, nos relata sobre la vida cotidiana… como ven todo alejado de una situación de guerra. Sin embargo, Delisle no deja de apuntar que Myanmar vive hoy en día en una dictadura militar donde hay zonas del país a las que no se permite que ningún extranjero, ni siquiera personal sanitario de “Médicos sin fronteras”, se adentre. Hay estrictos controles, no se deja llevar cámaras, las carreteras están cortadas, etc.CronicasBirmanas

Y la cuestión es que comparando esto con John Rambo te llegas a preguntar: “¿Y si lo que narra la película fuera cierto?” No me refiero tanto al personaje en sí, sino a las atrocidades que los militares birmanos acometen con las etnias de las zonas de conflicto, las matanzas indiscriminadas, los asesinatos impunes, las torturas, los juegos de muerte,… Lo cual no solo ocurriría en zonas apartadas de Myanmar, sino que ahí tenemos África a la vuelta de la esquina donde se sabe a ciencia cierta que hay milicias, niños soldado, miles de niñas convertidas en esclavas sexuales,…

Y mi pregunta ante esto es, ¿por qué a nadie se le ha ocurrido vender John Rambo como una película de concienciación?

Ansiedad

El ordenador te avisa de que estás en el número uno de la bolsa de trabajo. Es sorprendente porque una semana atrás te encontrabas en el veinte. Debe haber sobrevenido una sobrecarga de bajas temporales y sustituciones. Te haces ilusiones. Después de curros de chichivaina por fin un trabajo de verdad, de cinco días a la semana y más de veinte horas. Te llevas el móvil contigo hasta para la ducha, se convierte en tu colega inseparable, le dices a tus amigos que si tienen que comunicarse con tu persona que lo hagan por correo electrónico, que no te ocupen la línea. Aceptas la llamada de los números ocultos, sean cuales sean, aguantas al teleoperador de turno hasta que se descubren y te dicen que están ahí para venderte un seguro o una oferta de móvil… Y todo esto para que al final la bolsa quede congelada con tu DNI como número uno en la lista. Una semana, dos. Será una oportunidad pero antes probarán tu capacidad de desgaste y de hacer frente a la esperanza hasta el infinito. Con la ansiedad haces menos de lo que deberías hacer, y te dedicas a procrastinar con el fin de no pensar en que tu papeleta está ahí, que el punto de inflexión se halla a tu alcance, que si bien dicen que el país está saliendo de la crisis, en cuanto a tu entorno particular no sucederá hasta que te llamen. Pero antes deberás aprender a tener paciencia, y a frenar las ansias de un mundo mejor.