Ansiedad

El ordenador te avisa de que estás en el número uno de la bolsa de trabajo. Es sorprendente porque una semana atrás te encontrabas en el veinte. Debe haber sobrevenido una sobrecarga de bajas temporales y sustituciones. Te haces ilusiones. Después de curros de chichivaina por fin un trabajo de verdad, de cinco días a la semana y más de veinte horas. Te llevas el móvil contigo hasta para la ducha, se convierte en tu colega inseparable, le dices a tus amigos que si tienen que comunicarse con tu persona que lo hagan por correo electrónico, que no te ocupen la línea. Aceptas la llamada de los números ocultos, sean cuales sean, aguantas al teleoperador de turno hasta que se descubren y te dicen que están ahí para venderte un seguro o una oferta de móvil… Y todo esto para que al final la bolsa quede congelada con tu DNI como número uno en la lista. Una semana, dos. Será una oportunidad pero antes probarán tu capacidad de desgaste y de hacer frente a la esperanza hasta el infinito. Con la ansiedad haces menos de lo que deberías hacer, y te dedicas a procrastinar con el fin de no pensar en que tu papeleta está ahí, que el punto de inflexión se halla a tu alcance, que si bien dicen que el país está saliendo de la crisis, en cuanto a tu entorno particular no sucederá hasta que te llamen. Pero antes deberás aprender a tener paciencia, y a frenar las ansias de un mundo mejor.

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