Mediodía de mayo en pleno cambio climático

Tantos veranos bajo el sol tórrido de Andalucía, con el calor rezumando de la tierra, del pasto seco del campo, la visión de cielo azul y límpido me subyuga, y una fuerte corriente de aire azota mi rostro mientras me hallo protegido a la sombra y repantigado. La combinación de temperatura extrema y viento me retrotrae a los estíos de mi infancia, en la playa con mi familia en la cercanía del mar con el aroma a salitre, o en el patio de la casa de mis abuelos anhelando un momento de frescor. La sensación me asalta hoy. Por un lado asemejara que mi cuerpo no pudiera contener más calor, como cociéndome dentro de mi piel; me amodorro, me duermo. A la vez el aire agita mi cabeza, no me permite evadirme, me incita a la reflexión, a la meditación. La combinación de sensaciones, como un instante cumbre, me parece irreal porque me recuerda a mi niñez, y me recuerda a mi niñez porque asemeja un sueño. La memoria consciente, aquella a la que invocamos cuando estamos despiertos, no es la mejor manera de recuperar el pasado. Ni siquiera creo que lo haga, es una mentira. Mientras me hallo acomodado en la silla, conciéndome, con el viento agitándome el cabello, entretanto observo los aviones plateados contra el cielo celeste, reparo en el hallazgo: recordamos el pasado porque forma parte de nuestros sueños. Con la memoria consciente rememoro mi historia como una concatenación de hechos. Sucedió esto por motivo de lo otro, a esta causa siguió un efecto. Pero eso es historia, mas no pasado, porque nuestra vida no tiene lógica. Los sueños no son lógicos, recobramos a través de ellos nuestras vivencias, y los personajes de nuestra existencia, modificados, tergiversados, pero vivos. Es nuestra vida, sigue siendo nuestra vida. Sueño y recuerdo que soy otra vez un niño, que recorro el pasillo de la casa de mi abuela, que siempre recuerdo mucho más largo de lo que en realidad es. Mi abuela es amorosa y se ríe, es tal como ella era, el viento sopla y me extrae las ideas. Me hallo sentado bajo la sombra con el campo seco en derredor, contemplando los aviones en el cielo extraordinamente azul, y recibo una iluminación, procedente de mi infancia, con mi madre y los castillos de arena a la vera de la playa. El pasado existe porque asalta mi mente consciente.

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