Archivos Mensuales: junio 2015

El animal moribundo. Philip Roth

Esta, en principio, parece una entrada de libros versus películas de cine. El libro es “El animal moribundo” de Philip Roth, la película “Elegy” de Isabel Coixet. Francamente, si ves la película en primer lugar puedes desentramar las líneas maestras del argumento del libro, pero jamás su sentido. Coixet no logra plasmar lo que el gran Philip Roth pretende exponer. Con una literatura brutal, que no te deja respirar, Roth es para mi gusto una de las lecturas más tremendas e impactantes que se pueden encontrar en el panorama contemporáneo, y en general en el de cualquier época. “Pastoral Americana” es una muestra donde sin descanso empatizas de una manera descarnada con el protagonista, un padre que no logra entender lo que le ocurre a su hija, porque esta odia todo lo que le ha puesto en el camino con el fin de hacerle la vida mejor. Pastoral Americana impacta porque el personaje principal es alguien que todos podríamos llegar a ser.

En cuanto a “El animal moribundo”, la lectura es igual de frenética, pero puede resultarte menos interesante en cuanto que a lo mejor no te reconoces con el narrador, un anciano profesor de literatura que en su declive observa cómo la última de las relaciones sexuales de su vida se hunde por el sumidero, como todo el potencial sexual que desarrolló en su juventud se pierde en el abismo. Así como, y he aquí por qué Coixet falló en adaptar, aunque quien sería capaz de adaptar algo por el estilo, que el narrador se considera un desgraciado porque eso que parece condensar su deseo, aquello que observa por encima de todas las cosas, el sexo, como animal ante un deceso inminente, cuyas fuerzas, vigor y atractivo ya no son los de antes, cuyo éxito depende de la locura de las jovencitas americanas en pos de alguien que es una media celebridad, lo va perdiendo de manera casi definitiva.

Desde luego no es una novela para remilgados. Detalla como pocas veces he leído los entresijos de una relación. Aunque no me deja de gustar a medias en cuanto que el narrador no alcanza a dirimir todo lo que es el sexo, todo lo que implica, sus múltiples significados, que somos seres arrojados al sexo y por tanto a la muerte, apenas se queda la superficie, el sexo como algo a lo que estamos supeditados, pero ya está, no expone las razones, a pesar de su profundidad y su consistente literatura no deja de sostenerse sobre un punto de vista banal. En este sentido pienso que Houllebecq le supera con títulos como “Ampliación del campo de batalla” o “Las partículas elementales”.

Requisitos para ser una persona normal

Escribo esta entrada escuchando a Vicky Larraz, la primera cantante de Olé Olé. “Requisitos para ser una persona normal”, película de la realizadora española Leticia Dolera que ella misma protagoniza. Disculpen si me equivoco pero me parece que es la primera vez que se toca el tema de la normalidad en el cine español, no obstante una tradición tan norteamericana. Por rememorar ahora mismo, una mítica de los 80, “Revenge of the Nerds”, y otra más reciente que ha conseguido una legión de fans a sus espaldas: “The Perks of Being a Wallflower” (Las ventajas de ser un marginado). Sobre “Revenge of the Nerds” es un completo desmadre, así como probablemente la que reivindicó y con la que nació el fenómeno “Nerd”, y probablemente también el “Geek”, que aquí con ciertas variantes conocemos como frikismo, aunque por las Américas la palabra “Freak” presenta otras connotaciones.

Respecto a “Las ventajas de ser un marginado”, no habla tanto de la normalidad, pero sí de ser una persona aceptada en un entorno social, etc. Película para adolescentes, con ciertos toques emo, con algún que otro suicidio de por medio, la dureza de creer que todo lo que te rodea es lo único que te vas a encontrar en la vida, de sumergirte en la burbuja y que no te guste. No obstante, respecto a este título creo que alberga en sí una traición al espíritu que pretende enmarcar, porque el protagonista se cura de ser un marginado codeándose con el éxito social, no se da cuenta de que el problema no está en ser como es sino en lo que desea, en no aceptarse a sí mismo y ponerse a buscar a aquellos que parecen tenerlo todo y no que le aceptan por lo que es.

Ahora sí, hablando de la cinta de Leticia Dolera, película para treintañeros y tardoveinteañeros, y no para adolescentes, que es consecuente con lo que quiere contar, preguntarse por si uno es una persona normal, sobre qué significa esta condición, acerca de la importancia de encajar, y al final darse cuenta que mientras tú estés bien qué importa lo que digan y lo que se diga sobre lo que significa ser una persona normal. Película romántica, amable y, toda una proeza en el cine español, sin escenas de sexo explícito. Francamente, no hacen falta. Título de la realizadora Leticia Dolera que se embarca en una aventura rodeándose de una melodía y estética indie pop, casi se pudiera decir continuadora de “Los fresones rebeldes”, en plena nostalgia ochentera pero redundando en un minimalismo feminizado de colores suaves, matices nórdicos de Ikea (nunca mejor dicho) y poéticas posmodernas rayando en lo hipster.

Bueno, dejándome de palabrería pretenciosa, en resumen, para terminar, una película recomendable para ver solo, en pareja, en grupo, y para autoafianzarse.

El sol del membrillo

Hay quien afirma que “El sol del membrillo” es una de las mejores películas de la historia. Yo no diría tanto, pero sí que descansa bajo un planteamiento muy interesante. Víctor Erice, su director, es uno de esos artistas a los que cuesta acostumbrarse, o mejor dicho, directores lentos, un tanto espesos, de un narrar que no es narrar, más bien mostrar cómo crece la hierba. El sol del membrillo es, sin duda, su obra más poética, en colaboración con el pintor Antonio López, el pintor español de mayor reconocimiento internacional en estos momentos. No obstante, para nada se percibe que sea poética. Antonio López, que a pesar de su fama es muy campechano él, decide un día que va a pintar el membrillero que tiene en su patio. Ni siquiera es un árbol excelso, más bien pequeño, raquítico. El que tenía mi abuela en su patio era como poco dos veces más grande. Tampoco el escenario es que sea bucólico, una casa en plena reforma, con sacos de cemento y ladrillos por doquier. Y la manera de hablar de Antonio tampoco es poética. Para nada profunda, muy sencilla, no divaga sobre la existencia con frases recargadas de metáforas, tan solo sensaciones como “Me gusta cómo brillan los membrillos al sol”. Pero por eso es poética, porque para nada quiere ser sobrecargada, más bien natural, como la vida misma, tal como es la naturaleza, cambiante. Pretende pintar los membrillos, pero estos forman parte de un ser vivo, que crece, que evoluciona, que cambia. Mientras el otoño avanza la composición va cambiando, las hojas caen. La composición que pinta el cuadro nunca es la misma, tiene que borrar, que empezar de nuevo. Finalmente, cuando los membrillos comienzan a caer se rinde. La escena recuerda a aquellos pintores impresionistas que retrataban impresiones de luz sobre catedrales, y para ello únicamente pintaban durante unos pocos instantes cada día, y siempre a la misma hora. Pero a Antonio López ya le gustaría ver cómo aquellos pintores impresionistas trataban de retratar un membrillero, que crece, envejece, el tronco se agruesa, los frutos se pudren, y sobre todo en otoño, con los nubarrones de tormenta y la luz cambiando prácticamente a cada momento. Da que pensar sobre la ficción que es eso de la pintura.

El benefactor. Susan Sontag

Novela densa y rica en hondas reflexiones, donde como dijo Cervantes en su prólogo al Quijote sobre que no hay libro tan malo del que no se pueda sacar algo bueno, “El benefactor” no es un libro malo y es posible extraer muchas y variadas conclusiones. “El benefactor” es una novela sobre un personaje que tiene sueños, los relata, los analiza, sonsaca los significados ocultos y mientras tanto le suceden acontecimientos. “El benefactor” podría encuadrarse en una de esas historias de realidad y existencia diluida donde la vida cotidiana se mezcla con los sueños. Todavía más, un relato de realidad confusa y en el límite de lo consciente, donde resulta que a lo mejor la vida cotidiana, lejos de ser normal, es tan complicada y enrevesada con personajes fuera de lo común, con una visión de la existencia, del amor y de las relaciones, tan particular, que hace falta el mundo onírico para simplicarla un poco y que todo cobre sentido y aliento.

La autora, Susan Sontag, escribe en primera persona bajo la voz de un hombre, en un relato donde ejerce una perfecta adaptación de cambio de género, donde consigue que desde el pensamiento de una mujer, un personaje masculino con sus vicios y sus sobresaltos no resulte perverso, incluso aunque el personaje sea perverso en sí. Todo fluye con naturalidad en la escena de Hippolyte, el hijo de un rico industrial que tiene la vida resuelta con una asignación periódica, que tan resuelta la tiene que no se dedica a nada excepto a cultivar amistades interesantes, y cuando llegan los sueños, a analizarlos y a dejarse llevar por ellos.

Gente que busca fantasmas

Los niveles más altos de alfabetización de la historia, casi el cien por cien de la población que sabe que “A” suena a “A”, y que “B” no tiene sonido a menos que le pongas delante una vocal. Pero lo impersonales que tienen que ser las redes, los libros y los artículos en general para que tanta gente que sabe leer se dedique la vida a buscar fantasmas, a malinterpretar los textos y ser tan egocéntricos para pensar que cada frase es un insulto a su persona, y una referencia a lo mal que lo hacen en la vida. Pero que ombligo más gordo deben tener para concebir que el mundo gira alrededor de ellos, como una conspiración mundial en torno suya, o como si fueran los protagonistas de un Show de Truman en el que tan solo pueden sospechar que son los protagonistas. De verdad que tienen que resultar impersonales las redes para motivar esa obsesión por buscar los significados ocultos, por vapulear a los que simplemente escriben por expresar una opinión. ¿Por qué si una frase cuenta con tantas interpretaciones, siempre escogen la peor?

El ritual de la vieja taberna

La vieja taberna apesta a pis rancio, pero es el único lugar abierto que acoge al viajero en medio de la tempestad. En la vieja taberna encuentras a un cazador huraño y desconfiado con una cuenta pendiente con un oso de la montaña, a un cansado viajero que espera la llegada de su navío, a un soldado jactancioso y pendenciero a punto de marchar a la guerra, y a una mujer en la barra cuya belleza vivió tiempos mejores. En la vieja taberna, a pesar de la inmundicia y la decrepitud, de los muros que se caen, y de la humedad que se filtra por el tejado, todos los momentos son irrepetibles, puesto que cómo sabes si volverás a encontrarte con alguno de ellos. El cazador puede que sea devorado y que no se vuelva a saber de él, al viajero podría tragárselo el mar, el soldado perecer en el combate, y tu mismo podrías irte al día siguiente y no regresar. Por lo que aprovecha el momento, vive las circunstancias, emborráchate con el soldado, pide al cazador que te cuente sus historias, desafía a la mujer a un duelo y hazle la corte al oso. O cambia el orden de todo esto. Convida al cazador a un trago, que el viajero te narre sus aventuras, pelea con el soldado a puñetazo limpio, y pasa la noche con la mujer. Tú mismo. Lo bueno de la vieja taberna es que nadie se acordará de ti cuando te vayas, y quien sabrá de ti si caes o alcanzas fortuna, si sufres escarnio o el tiempo te reserva la gloria. Lo importante es el presente. Únicamente lo que hagas esta noche cuenta en la vieja taberna.

Tan solo una palabra

Te diría el voyeur que no temas, no hay nada, no es perversión, no te quiere a ti, solo a la luz que le llega de ti, lo único que desea es tu imagen, que no puedes evitar que la luz salga de ti, se refleje en ti, que aquello que se generó en el interior del sol hace un millón de años sintetice colores y formas a tu alrededor perceptibles por el ojo humano, y que esas combinaciones le subyugen. Te diría que no tiene la culpa de que los humanos sean los únicos animales que se apropian de cosas etéreas, como la imagen, el alma, el amor. Que según la Constitución solo la persona tiene derecho a su propia imagen, y no los animales. Todavía no se dice nada del alma ni del amor. Que la imagen como el alma son tan solo palabras, que quién puede pretender poseer el reflejo de la luz solar. Puede que sea cierto que la imagen, en contra del alma, es visible, y es captable en la fotografía y en el video, y que presenta una perdurabilidad, una condición de perecedero, consistente en lo que resista el soporte, tanto polietileno, como papel, como chips informáticos. Pero si se demuestra como algunos científicos buscan demostrar, que tanto el alma como el amor son tan solo algo químico, resulta que los perros y los gatos pueden oler tu alma, y tu amor, las feromonas y demás sustancias químicas que expelen en el momento en el que te enamoras, o cuando la madre quiere a su hijo recién nacido. De ese modo ellos podrían oler tu alma del mismo modo que el voyeur contempla tu imagen. Y se podría inventar una especie de película impregnable por las ferómonas que igualmente pudiera captar ese momento mágico, el del enamoramiento o el alma saliendo de tu cuerpo cuando mueras. Entonces, ¿qué diferencia hay? ¿Qué importancia tiene si la Constitución te concede el derecho a tu imagen? No lo hace con el amor, ni el alma. Regálalo, eso te diría el voyeur, cédelo; al fin y al cabo, es tan solo una palabra.