El animal moribundo. Philip Roth

Esta, en principio, parece una entrada de libros versus películas de cine. El libro es “El animal moribundo” de Philip Roth, la película “Elegy” de Isabel Coixet. Francamente, si ves la película en primer lugar puedes desentramar las líneas maestras del argumento del libro, pero jamás su sentido. Coixet no logra plasmar lo que el gran Philip Roth pretende exponer. Con una literatura brutal, que no te deja respirar, Roth es para mi gusto una de las lecturas más tremendas e impactantes que se pueden encontrar en el panorama contemporáneo, y en general en el de cualquier época. “Pastoral Americana” es una muestra donde sin descanso empatizas de una manera descarnada con el protagonista, un padre que no logra entender lo que le ocurre a su hija, porque esta odia todo lo que le ha puesto en el camino con el fin de hacerle la vida mejor. Pastoral Americana impacta porque el personaje principal es alguien que todos podríamos llegar a ser.

En cuanto a “El animal moribundo”, la lectura es igual de frenética, pero puede resultarte menos interesante en cuanto que a lo mejor no te reconoces con el narrador, un anciano profesor de literatura que en su declive observa cómo la última de las relaciones sexuales de su vida se hunde por el sumidero, como todo el potencial sexual que desarrolló en su juventud se pierde en el abismo. Así como, y he aquí por qué Coixet falló en adaptar, aunque quien sería capaz de adaptar algo por el estilo, que el narrador se considera un desgraciado porque eso que parece condensar su deseo, aquello que observa por encima de todas las cosas, el sexo, como animal ante un deceso inminente, cuyas fuerzas, vigor y atractivo ya no son los de antes, cuyo éxito depende de la locura de las jovencitas americanas en pos de alguien que es una media celebridad, lo va perdiendo de manera casi definitiva.

Desde luego no es una novela para remilgados. Detalla como pocas veces he leído los entresijos de una relación. Aunque no me deja de gustar a medias en cuanto que el narrador no alcanza a dirimir todo lo que es el sexo, todo lo que implica, sus múltiples significados, que somos seres arrojados al sexo y por tanto a la muerte, apenas se queda la superficie, el sexo como algo a lo que estamos supeditados, pero ya está, no expone las razones, a pesar de su profundidad y su consistente literatura no deja de sostenerse sobre un punto de vista banal. En este sentido pienso que Houllebecq le supera con títulos como “Ampliación del campo de batalla” o “Las partículas elementales”.

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