Archivos Mensuales: agosto 2015

Los habitantes del bosque. Thomas Hardy

Novela pacata para una sociedad pacata. Publicada en 1887 francamente si confrontáramos los personajes de la novela con un espectáculo de hoy en día como “La que se avecina”, el resultado más plausible es que les estallara la cabeza. Thomas Hardy reside y escribe en plena sociedad victoriana, donde la norma de la buena sociedad pasa por la virtud moral. En el mundo de “Los habitantes del bosque” el cuerpo de una mujer es un templo que debe proteger a toda costa, el mayor sacrificio que puede hacer una mujer es ofrecer ese templo, y la mayor deshonra que un hombre lo acepte y después esto no implique nada. En cierto modo, esta novela de Thomas Hardy recuerda a las de Jane Austen, aunque hayan pasado ochenta años entre la una y el otro, quizás con mayor sentimentalismo, y donde los arquetipos de las obras de Austen no se contemplan tan claramente. “Los habitantes del bosque”, siguiendo un típico título de Austen podría denominarse como “Diferencia de clases y honorabilidad”. A finales del siglo XIX el que una familia fuera noble en el pasado todavía sigue importando, aunque los comerciantes son más ricos y poderosos que las antiguas estirpes de bien, son tildados como ciudadanos de segunda. “Los habitantes del bosque” es un novela muy bien tramada, en torno en un triángulo amoroso que dependiendo de las circunstancias pasa a ser cuarteto, quinteto, sexteto e incluso hepteto. Igualmente, en la época de Hardy empieza a vislumbrarse los primeros síntomas de la lucha feminista, aunque por el momento estos únicamente se contemplan en la educación. Las hijas de las clases plebeyas, siempre que sean pudientes, presentan vía libre al derecho de ser educadas como damas de la nobleza y de aspirar a más. Sin embargo, son las trabas sociales las que les impiden despegar. En plena superación de esta condición, los habitantes del Little Hintock aman, sufren, se revuelven y claman odio eterno pero que después se queda en agua de borrajas. Libro interesante que puede llegar a enganchar. Pero eso, aténganse, estamos en el siglo XIX, y en uno sinceramente muy anticuado.

Más años de humillación

Vas por mediados de los treinta y como si tuvieras doce años, en el coche de tus padres, sin dinero en el bolsillo ni una casa propia. Tu padre es de la vieja escuela, un manitas en fontanería, en albañilería, en bricolaje, en todo lo que le echen. Monta muebles, la red de agua caliente de tu casa, la casita del perro, el nuevo enchufe de pared… Tu hermano pequeño en cambio es de la nueva escuela. No sabrá de bricolaje pero todo lo que necesites de ordenadores se lo puedes preguntar a él. En comparación tú… tú… a ti se te puede inquirir sobre todo lo que no vale un duro, ideas políticas, conceptos filosóficos, hechos históricos, críticas cinéfilas y literarias,… Eres un experto en todo lo que no da de comer, hay quien te considera un genio, pero lo único que sabes es leer, escribir, estudiar y memorizar, nada valioso ni práctico fuera de eso. No es que te hayas comportado como un vago. Te has pasado la vida hincando los codos, ahora mismo estás inscrito en cuatro bolsas de profesores de secundaria. Pero para qué. Llevan dos años sin llamarte, la lista siempre avanza hasta que te quedas en los primeros puestos, sin embargo la mala suerte de que se queda ahí. Por no saber, aunque llevas cuatro años con lo mismo, ni siquiera alcanzas a dilucidar si vales para profesor o si te gustará porque todavía no te han llamado. La crisis te ha destrozado, como a muchos. La escusa que percibes es la misma que oyes de tantos otros, la mala fortuna de coincidir con la peor crisis económica del capitalismo reciente. Te dijeron que si estudiabas podrías ganarte la vida. Pero te has sacado todos los títulos que podías sacarte… estás a punto de cumplir treinta y cinco y todavía vas en el coche de tus padres como si tuvieras doce, sin poder intuir, ni por asomo discernir si acaso lo que te queda no serán más años de humillación.

The Man from U.N.C.L.E.

U “Operación UNCLE” en castellano. El nombre es lo de menos. En estos tiempos en que James Bond ya no es James Bond sino Jason Bourne, en que el agente secreto más famoso del siglo XX ha dejado de ser sofisticado para convertirse en un bruto con cara de mono, en que el excesivo realismo que prepondera en el cine actual se ha cargado el aliciente de sensualidad, de refinamiento del sugerente pero malévolo mundo de los archimillonarios, el panorama elegante y cosmopolita de los casinos, de las pistas de carreras, y de las fiestas de alto copete y de la jet set, la última cinta de Guy Ritchie (Snatch, cerdos y diamantes), uno de los tantos directores de culto actuales, recupera el ambiente perdido. Y logra el milagro que las últimas películas de James Bond, al menos desde que Daniel Craig es el protagonista, y puede que también las dos últimas de Pierce Brosnan, no ha conseguido: aunar realismo, verosimilitud en las escenas de acción y lucha, con el glamour anticuado pero tan llamativo del original James Bond.

Por supuesto la cinta tiene fallos, excesivo peso de algunas escenas, otras que hubieran requerido de más metraje. Sin embargo, la maestría de Guy Ritchie logra aportar valores que no recuerdo de ninguna cinta de James Bond, como la capacidad de coordinar historias paralelas, de ahondar en las motivaciones de los personajes, camaradería, de introducir elementos de humor absurdo, y esa “circular story” que deja los pelos de punta.

Aparte que suena muy bien. Banda sonora de Daniel Pemberton, absolutamente sin desmerecer de las canciones de entrada de James Bond y donde el compositor bebe de un sinfín de fuentes nostálgicas de tal manera que no sabes si se ha inspirado de Ennio Morricone, de Metallica, o de The House of Rising Sun.

Un problema de simetría

¿Dónde se meten las mujeres de mi edad? Esa es una pregunta cuya respuesta me interesaría mucho averiguar, porque desde luego a los sitios a los que voy yo no. Me puedo encontrar con féminas mayores o mucho más jovenes, pero no de mi edad más o menos. En todo caso, independientemente de la edad. Lo difícil que es ver a una mujer que vaya sola al cine, que pasee sola por la ciudad, que se siente sola en un restaurante o en un bar de tapas a degustar un descubrimiento culinario, en definitiva, lo complicado que es encontrar a alguien del sexo opuesto que haga lo que hago yo. Pero ya no es solo una cuestión de género. Te mueves por el mundo tratando de no molestar, de ser consecuente, de intentar sentirte a gusto al mismo tiempo que otros se sienten a gusto sin incomodidad ante el espacio en el que vivimos. Por ejemplo, no arrojo chicles al suelo, o donde alguien los vaya a encontrar, no bebo directamente del grifo en las fuentes públicas (aunque parece que nadie hace esto los hay), en la piscina, cuando comparto una calle, trató de adaptar mi manera de nadar para no fastidiar a los demás… Sin embargo, lo que recibo en consecuencia, a un tipejo que se pone a nadar en estilo espalda dando paletadas, con el tortazo consiguiente cuando paso a su lado en la cabeza o en el costado, y toda la educación y las buenas maneras me sirven para no ahogarle allí mismo. Pero no hace falta que sea un desconocido. Con amistades, o supuestas amistades. En el grupo de amigos cuando alguien llega nuevo o ausente mucho tiempo me esfuerzo por integrarle. Si convengo en llamarle, en avisarle, le aviso. Todo esto para tener que soportar después a la típica marisabidilla en tu ciudad de origen a la cual regresas de vez en cuando porque ya no vives allí para que te diga: “Ay, es que el que vive fuera tiene que ser el que se esfuerce en contactar con nosotros”. Seguro que si llegase un italiano o un francesito nuevo a la urbe ni se lo pensaría dos veces en servirle de cicerona. Manda huevos.

The Wicker Man (2006)

Hace poco escribí una entrada sobre la película “The Wicker Man” de 1973, y dije que le faltaba algo de chispa moderna, un poco de giros de cámara y de mayor tensión argumental como se puede contemplar en “Shutter Island”.

Me retracto, está perfecta como está. Ayer vi por curiosidad la version moderna, de Nicolas Cage en 2006, el remake americano y hollywoodiense por añadidura, que no se atiene a la verdad histórica, que mete cosas innecesarias como pesadillas y atributos fantásticos, con fallos del guión flagrantes,… TWM, versión de 1973, jugaba con una posibilidad histórica, que en algún lugar de europa apartado todavía permaneciera una comunidad que se rigiera por los ritos ancestrales de la fertilidad. La versión de 2006 desvirtúa esto completamente, filtrando la idea bajo un prisma de visión típicamente puritano anglosajón. Por si fuera posible, un feminismo puritanista con una visión de una sociedad regida por mujeres pero que acaba transformando a las mujeres en hombres. La idea que emite del matriarcado es una completamente errónea. En el matriarcado son las mujeres quienes ostentan la propiedad de la tierra y el puesto predominante en la familia, no obstante sin olvidar su instinto maternal y amoroso, así como acogiendo protagonismo en la índole sexual, de tal manera que surge una sociedad mucho más liberal y creativa en el sentido mágico y ritual de la palabra. Pero lo que TWM 2006 propone es puritano, porque incita nuevamente a la represión sexual, y aparte está claro que algo así solo se le ha podido ocurrir o bien a un hombre, o bien a una feminista radical que no ha tenido hijos, porque reduce a las mujeres, a pesar de que son las que mandan, a simples incubadoras de carne, incapaces de cualquier emoción, de cualquier sentimiento, que procrean mecánicamente, y que para colmo odian a su descendencia, sobre todo si es masculina.

Aparte, lo comentado. Imaginería onírica innecesaria, un personaje al que le tienen que crear un trauma para que la cosa funcione y un Nicolas Cage que más vale que después de “Leaving Las Vegas” y “Bringing out of the dead” que no hubiera seguido haciendo películas.

En resumen, una vergüenza.

Mr Manglehorn

Es una tendencia interesante pero a la vez un tanto inquietante. Los grandes actores realizan películas que tratan sobre individuos en decadencia al penetrar en la vejez, en el conflicto de su penúltima edad, que pueden ser consideradas como su testamento cinematográfico. Probablemente esta tendencia sea tan vieja como el cine es cine, pero en mi ignorancia señalaré un título como “A propósito de Schmidt”, con Jack Nicholson, Clint Eastwood que ha realizado varios entre los que podemos destacar “Gran Torino”, y el último que yo conozca es Al Pacino como “Mr Manglehorn”. Morgan Freeman es un caso extraño, él ya nació para el séptimo arte siendo viejo. En cualquier caso, conflictos en la penúltima edad, donde la palabra clave es “bagaje”, los protagonistas se enfrentan al difícil enfrentamiento entre todo lo que llevan encima, y que no les quiten lo bailao, con las situaciones nuevas que les quedan por vivir. Su mente ya no es como era antes, ni su fuerza, ni su ímpetu, los seres a su alrededor cuenta historias sobre lo que fueron, sobre los grandes momentos y las grandes hazañas que vivieron en su plenitud, pero la cuestión es la necesidad de volver a ser jóvenes para enfrentarse al día a día. No son películas para todos los públicos, en cambio para una sensibilidad especial, para aquellas que no se quedan con cara de agilipollados cuando llega el final y uno se pregunta: “¿Y esto es todo?”