Ponga a un tímido en su vida

Ponga a un tímido en su vida, a uno de esos de talentos ocultos, callado, taciturno, que no acose, que no resulte coartante, que espere a que le hablen y le den pie, y aún así se sonroje cuando se presente en público. Un tímido no insistirá, ten por seguro que aceptará un no por respuesta, difícilmente se convertirá en un pesado, en uno de esos que ponen la cabeza como un bombo para que te acuestes con él o que le firmes la póliza del seguro, incluso si resulta que le dices que no porque quieres parecer interesante, comprobarás que tendrás que ser tú quien dé el siguiente paso ya que él ya ha retrocedido marcha atrás. No te preocupes si no sabe combinar colores como un amigo gay, si no se halla a la última moda; si le pides que vaya contigo de compras lo hará, simplemente por el placer de tu compañía; no te aconsejará sobre ropa de Zara, de Primark o de Kiabi pero a cambio te hablará del bikini de la princesa Leia, de lo excitantes que resultan las vulcanianas con el uniforme de la Federación, de los estrafalarios vestidos que no se sabe si son de inspiración rococó, de la época victoriana o estilo Imperio de las magic girls japonesas. Existe la probabilidad de que si sales de tiendas con un tímido acabes ataviada como una superheroína de los cómics, pero en ese caso te quitas la preocupación de que haya otra chica en la fiesta con el mismo vestido. También que comiences a hablar de cosas raras y poco prácticas como de las diferencias entre hobbits y enanos, o de las distintas clases de escobas en el Quidditch, no obstante si lo haces descubrirás que algunos hombres realmente escucharán y pondrán atención en lo que dices. Con un tímido comprobarás que los valores anticuados todavía siguen vigentes. Como la lealtad, la fidelidad, la nobleza, la consideración, la empatía. Han leído tantas novelas históricas sobre caballeros andantes, sobre damiselas en las cruzadas, han absorbido tantas lecciones moralistas, aunque sean en clave de guerras espaciales, sobre el honor y la distinción entre el bien y el mal, que como don Quijote han terminado por tenerlas presentes en toda su vida. Y por si fuera poco con un tímido te reirás, no tanto porque sean especialmente achispados y lenguaraces, sino porque tan diferente es su manera de hacer las cosas, tan distinta de la habitual a la que se pueda tener costumbre, que aunque no quieras soltarás una carcajada cuando se te ponga a hablarte sobre su rutina cotidiana y te comente acerca de los sucedáneos de espadas láser que tiene en su cuarto, la colección de muñequitos de magia y hechicería perfectamente ordenados en sus vitrinas, que se levanta a las siete de la mañana aunque no tenga que hacerlo sencillamente porque su gata se pone a arañar en la puerta, el ritual con que cada amanecer le sirve el tazón de leche al animalito, el prístino cuidado que le pone al vestirlo con el chalequito de Batman, el aburrimiento que le acomete en la reunión de trabajo con los compañeros por la simple razón que nadie habla de dragones. Te cuenta todas estas cosas y al principio crees que se está riendo de ti y te está tomando el pelo. Pero resulta que no. Esa soberana ingenuidad de la que hace gala, esa sinceridad inquebrantable a prueba de bombas, la educación y el respeto que le proporcionó su dominante madre, y lo mono que se pone cuando se azora sin razón…

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Un pensamiento en “Ponga a un tímido en su vida

  1. Chusa Reina

    Genial!!! Un tímido, no, 20, o todos los que encuentre, si son de esos, bienvenidos, que yo tb prefiero hablar de dragones, aunque de tímida poco, creo…

    Responder

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