Archivos Mensuales: diciembre 2015

Mi año

El 2015 termina y llega el momento de hacer recuento de lo bueno y lo malo. A día de hoy y de manera global como resultado del 2015 puedo decir que ha sido un año de renaceres. He concluido dos novelas, me he reencontrado con el mundo bloguero (aunque con la escasez de seguidores de siempre), he reforzado amistades, y sobre todo que por fin después de ocho años he vuelto a tener un trabajo decente y a jornada completa.

Sin embargo, esto lo puedo decir ahora, son el resultado de las transformaciones acaecidas en los últimos tres meses. Durante los nueve primeros acuciado por la falta de trabajo y por la escasez de relaciones personales. Tengo treinta y cinco años y me estoy acostumbrando en exceso a la soledad, la estoy aceptando como mi modo de vida, me contemplo como un solterón destinado a vestir santos. De lo mejor, un fin de semana con dos colegas; de lo peor, la hartura y las enemistades con el mundo de los grupos de whatsapp.

Pero en resumen, un año de cambios y transformaciones, de tal modo que puedo decir: “El 2016 será un año del que al menos puedo decir que va a comenzar bien”.

Feliz año nuevo!!!

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Los Ochenta existieron

Parece mentira pero uno llega a dudar de ello, entre tanto Insidious, Sinister, El corredor del laberinto, A3M sobre el cielo, mujeres, hombres y viceversa, reggaeton, Ricky Martin,… En en instituto les mencionas a los niños sobre Robocop, ET, The Goonies, David Bowie, Queen,… ¿Mande? Si hasta los que van de otakus no saben lo que fue AKira, Bola de Dragón, Los caballeros del zodiaco, Bioman,… ¿Mande? Ante esto o bien puedes decir “estoy desactualizado”, o resistirte, por mucho que los estudiantes opinen así el presente no lo es todo, los ochenta también existieron.

Comunismo, fascismo y Star Wars

Decía Hegel, y al mencionar a Hegel espero no desalentar a ningún lector, creo que lo que pretendo exponer es sencillo de comprender, que la libertad es aquello que persiguen los pueblos cuando hacen historia. Esto, dicho a comienzos del XIX, supuso una base en la que posteriormente se apoyó el pensamiento tanto de fascistas como de comunistas. En primer término en la derecha porque alentó el nacionalismo; el pueblo alemán, por no decir el francés, el español, etc., como una singularidad de excepción que a través de su lucha por imponerse se hace libre; por el otro lado, respecto a la izquierda se interpretó en sentido revolucionario, a través de la lucha el pueblo se libera.
Pues bien, siguiendo con Hegel hay una noción que a tanto a la izquierda como a la derecha se le escapa: “toda idea es de por sí irrealizable”. Sin embargo, Marx hablaba de comunismo, y los nacionalistas de supremacía. Es decir, viven en la contradicción de que perseguían la libertad por medio de una idea que según ellos se obtendría al final del camino. En resumen, se engañaban a sí mismos y engañaron a todos los que les siguieron. No nos damos cuenta, pero la derecha y la izquierda son conceptos desfasados.
Es más, que nunca tuvieron sentido. La libertad es aquello que persiguen los pueblos, pero el pueblo como algo complejo y abstracto no tiene una conciencia única de lo que hace. No es la idea, sino el entusiasmo que genera la idea conforme se persigue, lo que genera la historia. El comunismo y el fascismo empezaron a morir en cuanto alguien los aplicó.
Ahora bien, cuando hablo de ideas no me refiero únicamente a conceptos políticos. Star Wars, el entusiasmo que produce, la emoción que provoca en los millones de fans, la capacidad de estos de transformar el mundo a su alrededor, también genera historia.

A veces pienso

A veces pienso: tengo demasiada empatía para ser profesor, me reconozco de más en los problemas de los estudiantes para ser profesor, me falta maldad para ser profesor, trato en exceso de meterme en la cabeza y en las motivaciones de los niños y niñas para ser profesor, me dejo llevar y me apiado más de la cuenta de las lágrimas de cocodrilo, de los problemas de cada pupilo, para ser profesor, me cuesta distanciarme de la visión distorsionada de los adolescentes acerca del mundo para ser profesor, me sobra imaginación y variabilidad a la par que me falta estructura y orden para ser profesor, siento y me tomo de manera harto personal intentar inculcarles diferentes puntos de vista sobre la vida, la cultura, la naturaleza y la existencia para ser profesor. Pero después me digo: ¡Qué carajo! Si no fuera así no sería profesor.

Star Wars para Dummies

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Para todos aquellos que dicen que no son de Star Wars, o los que critican la mitomanía que se ha generado en torno al fenómeno.

Los ochenta son los ochenta gracias a Star Wars. 1977, en el mundo todavía coleaban los efectos de la crisis energética, encarecimiento del petróleo, cierre de industrias, paro generalizado, la guerra fría que se recrudece con la política de Brezhnev. La economía occidental que todavía no sabe para donde tirar. En este contexto la narrativa es poco dada a fantasías. James Bond, Barry Lindon,… Predomina el realismo en un mundo en el que la gente parece querer tener los pies en la tierra.

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Soy de la Galaxia

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Fíjate que yo no soy de esos que hacen cola o reservan entradas con meses de antelación para ir a los estrenos, que me importa un bledo ser el primero antes que nadie en ver el último capítulo de tal serie o la nueva aventura de la saga. Como siempre digo ante el amigo o conocido que se jacta ser más friki que nadie: “Tú lo has visto, yo lo he visto, estamos empatados”. Incluso en ocasiones me he reído del típico ansia ilusionado con la entrada desde hacía semanas en el supercine hiperpijo de moda con la superpantalla sin importarle que solo quedaran butacas en la fila de alante, porque resulta que yo sin proponérmelo, simplemente porque estaba aburrido, fui a la sala escondida en el casco histórico donde nunca va nadie, me senté donde quise y vi la película antes que él. Pero hay un evento al que me hubiera gustado haber asistido, y ya sé que es imposible porque a menos que se invente la máquina del tiempo yo no había nacido, y es a la Premiere de Star Wars el 25 de mayo de 1977 en Los Ángeles. Aquello tuvo que ser un milagro. Una película en la que no creía nadie, un guión que muchos tildaban de infantil, el montaje en los últimos meses que había sido un caos, los efectos especiales a la carrera que casi no salen, los mismos actores que pensaban que aquello iba a ser un desastre,… Pero de repente se apagan las luces, el título en la pantalla, la espectacular fanfarria de John Williams, y el transbordador de la princesa Leia perseguido por el crucero estelar. Todo cuaja, todo funciona. Todo se macla a la perfección, los mismos especialistas de los efectos especiales no se lo creen, Mark Hamill, Han Solo y Carrie Fisher se han quedado con la boca abierta. La estrella de la muerte explota, R2D2 aparece sin desperfectos, títulos de crédito y el aplauso es apoteósico, atronador, las lágrimas saltan, la película es un éxito, nadie se muestra capaz de concebirlo, ni el productor, ni el compositor, ni siquiera el propio director, todavía no lo saben pero han cambiado la historia del cine y del mundo en general. A George Lucas se le podrá tachar de muchas cosas, que se cargó su propia creación, que la chochez le ha vuelto en los últimos tiempos infantil y ajeno a lo que sucede a su alrededor. Sin embargo, gracias George por tu empeño, por tu perfeccionismo, por tu obsesión en llevar tu visión adelante. Gracias George por hacerme de la Galaxia. Mirad que hace dos meses yo contemplaba con recelo el estreno de la séptima entrega, que a mí J.J. Abrams me da mucho miedo, a ver si va hacer algo como lo de Star Trek que me gusta a medias, que ni siquiera es un fan de la saga. Sin embargo, queda menos de una semana y no puedo evitarlo, estoy ilusionado, lo reconozco, Star Wars forma parte de mi vida, de mi mitología personal, si muero de aquí al próximo fin de semana me convertiré en un fantasma que camina al cine. Lo confieso, no me avergüenza, es más, clamo con orgullo: “Soy de la Galaxia”.

El probe Manué

El paisaje inconmensurable, la comida espectacular con una tradición de tapa más cerveza que hace que degustar especialidades gourmet en un gastro bar salga por un precio verdaderamente módico, el clima agradable, la cercanía al mar una sensación fragante. Ya hay suficiente gente que sabe donde me encuentro, no hace falta decirlo. Sin embargo, el paraíso tiene un precio. No hay duda, mi estancia en este lugar es una tentativa al desastre, o bien me acostumbro a la absoluta soledad sin requerir a nadie, o bien me vuelvo loco. Lo que quiero decir, me está costando horrores congeniar con la gente de aquí, quizás porque en el restaurante la gente ve que lo único que hago es darle al móvil, posiblemente porque no saben que lo que hago es escribir en un blog. Solo cabe ver que me estoy acostumbrando a redactar entradas con el infernal tablero del móvil para comprobar lo aburrido que estoy. A veces, tras dos meses y medio de mi nueva profesión, tengo curiosidad por saber cuál es el mote que los estudiantes me han puesto. Quizás el jirafa, por la altura, o el Babia por lo despistado que estoy puesto que ni siquiera he averiguado cómo me llaman. Si por mí fuera me apodaría “El probe Manué”, en plan como la canción: qué le pasa, qué le pasa a Manolito, que del monte no quiere ya salir; él dice que es feliz en su montaña, que hace tiempo que no sale. Mi apartamento es como una cueva en una montaña de hormigón, cada vez tengo menos necesidad de irme de allí, me basta con la radio, el ordenador y con la fauna local de gatos callejeros.  Mi deriva no hay quien la detenga, rumbo al frente y sin frenos con la incertidumbre de lo que hallare al final: o me transformo en un dios o en un monstruo lúcido filósofo. En el fondo la perspectiva no es tan mala.