Archivos Mensuales: enero 2016

La guerra interminable. Joe Haldeman

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Novela de ciencia ficción sobre una guerra intergaláctica salpicada de muchos trasfondos de por medio. Por ejemplo, el problema de la superpoblación, la homosexualidad, la posibilidad de verse sometido al yugo de una dictadura. También el amor que atraviesa todas las barreras. Pero principalmente la desconexión. Nadie puede alcanzar al protagonista. Se traslada de campo de batalla en campo de batalla a la velocidad de la luz, por ello que, debido a la relatividad, con cada salto su cuerpo se mantiene joven, apenas han transcurrido unos meses para él, pero cada vez que regresa a la Tierra, o a lo que queda de ella transformada por las sucesión de hechos, han transcurrido décadas y siglos. Nadie puede alcanzarle, sus seres queridos fallecen a sus espaldas, el mundo tal como lo dejó atrás ya no es el que era, su deseo es salir del ejército, escapar de esa estúpida guerra, pero cómo hacerlo si no cuenta ya con nada a lo que agarrarse. En resumen, una novela muy inteligente, adictiva, que se lee fácil a pesar de los detalles técnicos farragosos a ratos, que solo peca de una cosa: de la cobardía del autor a dejar de terminar su obra con algo que no sea el happy end. Como ocurrió con “La naranja mecánica” en el último capítulo. Como diciendo: “en el fondo en el universo queda lugar para la esperanza”.

Fracasado

Aprendimos esta palabra de los norteamericanos: fracasado. En realidad en inglés es “loser” que cuando se la traduce al castellano en las series y películas, si se trata de una burla la mencionan como “pringado” o “lerdo”, y cuando se enuncia en sentido peyorativo “perdedor” o “ fracasado”. De este modo, si uno observa las películas y series estadounidenses aunque sea en versión doblada puede comprobar lo aficionados que son los americanos a esta palabra. La utilizan a cada momento, en toda ocasión, tanto en dibujos animados como en comedias, como en dramones. Es el insulto favorito de América: You’re a loser (eres un perdedor, un fracasado).

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Niork. Stefan Wul

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Cuando leí esta novela la impresión que tuve fue que este escritor pertenecería a la corriente francesa de Metal Hurlant. Una ciencia ficción muy dura y distópica, donde a menudo se aúna apocalipsis, ciencia, misticismo y religión al estilo de las obras de Jean Giraud y Jodorowsky. Pero no. Niork es de 1957, estamos ante un precedente, ante lo que pudiera ser una obra de culto.

En un futuro la catástrofe se cierne sobre la humanidad. Los mares y océano se han secado, los pequeños grupos humanos discurren por el fondo de lo que actualmente es el lecho marino peleando contra hordas de perros salvajes y monstruos mutantes. En la superficie de los continentes hace frío, aparte es territorio tabú, puesto que las antiguas ciudades que la humanidad construyó son observadas por las mentes reducidas al primitivismo de los componentes de la tribu como territorio de dioses. Únicamente el chaman tiene permiso para ascender y ver las maravillas de antiguo mundo. Únicamente el chaman, hasta que un miembro de la tribu usualmente marginado y apartado, desoye las leyes y se atreve a penetrar en territorio prohibido.

Breviario de los robots. Stanislaw Lem

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La manera de encarar la ciencia ficción por Stanislaw Lem se puede resumir en pocas palabras: “Nuestro mundo no es el único mundo posible que puede llegar a existir, así como el ser humano no es la única forma de vida inteligente viable en la galaxia”. Con esto me refiero a que Lem, con sus libros, echaba por tierra todas esas fantasmagorias y mitologías de Star Trek y Star Wars donde, de acuerdo, hay alienígenas, pero son casi todos y casi exclusivamente humanoides, con tronco, cabeza, dos brazos y dos piernas. De hecho este autor llegó a decir, por lo cual fue muy criticado, que la ciencia ficción norteamericana era de poca calidad.

Sin sumarnos a este debate, decir que “Breviario de los robots”, sin ser uno de los libros más radicales del autor, esto es, sin llegar al extremo conceptual de Solaris, se enmarca en esta tendencia. Demostrar que otras pautas, que otras lógicas son posibles, que otras civilizaciones que a nosotros nos parecerían como si nos hubieran cambiado los pies por la cabeza, podrían ser plausibles. La narración y las descripciones se realizan con un estilo rápido, sin detenerse, y esto es quizás lo que distingue a esta obra de un título inconmensurable como Solaris, en las emociones. Sencillamente describir, inventar, la imaginación al poder y sin trabas. En resumen, una lectura interesante y conceptualmente recomendable.

¿Qué es el pueblo?

En la democracia la soberanía reside en el pueblo. Ahora bien, ¿qué es el pueblo? ¿Es el conjunto de todos los habitantes de un país? ¿Habría que contar también a los extranjeros residentes y a los turistas? ¿El pueblo son solo los ricos, solo los pobres, únicamente la “gente de pueblo”, los que viven en el campo?

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Hay que erradicar la gentrificación

Lo desesperante y lo difícil que resulta en una ciudad de 20.000 habitantes encontrar gente de mente abierta y tolerante, que no se asuste ni se sienta amenazad@ ante un punto de vista peculiar. La frustración que domina al ser alguien de gustos minoritarios, que compra o diseña juegos de rol o de mesa para aspirar al contacto social, en un lugar que cuanto menos te tratan de pervertido, si no es de psicópata o de asesino cuando mencionas tu predilección. Dan ganas de poner una bomba en el centro de la ciudad para que los intelectuales de izquierda (supongo que también habrá de derechas) que se apelotonan y concentran en los cascos urbanos, conversando sobre en sexo de los ángeles y alentando la gentrificación, se esparzan, se desparramen por el territorio, y hagan el favor de generar actividad y pequeños círculos culturales igualmente en las ciudades de provincia. Todo sea por poder hablar, por entretenerme, y por escapar de estos fines de semana tan aburridos como solo puede serlo el infierno.

Gosford Park

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Película de comienzos del XXI cuyo buen hacer la hace digna de la época del Padrino. Un lord inglés invita a una serie de variopintos personajes a una velada en su lujosa mansión. Durante la noche fallece en extrañas circunstancias. Todos tienen motivos, muchos carecen de coartada. Sin embargo, lo importante de la historia no es el asesinato en sí, más bien las relaciones personales. Arriba y abajo, señores y siervos, dos mundos que no se mezclan, cada cual es consciente de dónde se halla su posición. El imperio inglés se encuentra en decadencia, en Europa Hitler amenaza el parlamentarismo y las libertades. Pero en la mansión de lord Curdle cada cual es consciente de su clase. “No se puede jugar a dos bandas”, y el problema surge cuando los mundos cerrados se confunden.