Fracasado

Aprendimos esta palabra de los norteamericanos: fracasado. En realidad en inglés es “loser” que cuando se la traduce al castellano en las series y películas, si se trata de una burla la mencionan como “pringado” o “lerdo”, y cuando se enuncia en sentido peyorativo “perdedor” o “ fracasado”. De este modo, si uno observa las películas y series estadounidenses aunque sea en versión doblada puede comprobar lo aficionados que son los americanos a esta palabra. La utilizan a cada momento, en toda ocasión, tanto en dibujos animados como en comedias, como en dramones. Es el insulto favorito de América: You’re a loser (eres un perdedor, un fracasado).

En verdad antes de la invasión cultura yanki no existía en España este término como sustantivo. Se empleaba fracasado como forma verbal y no de uso común, sino en lenguaje culto en libros de historia y en la universidad. “Los ingleses habían fracasado en su primer intento de tomar Badajoz…”, “Una vez hubo fracasado la expedición en su objetivo de llegar a Tierra Santa…” Esto es, no era habitual emplear la palabra como manera para denominar a una persona, una condición. Sin embargo, la última vez que me sinceré con un amigo me confesó: “Soy un fracasado”, aún más, sentía su existencia amarga y anodina porque se vislumbraba a sí mismo y se concebía como un fracasado. ¿Y por qué? ¿Por qué no sale en la televisión? ¿Porque los sueños que alentó Operación Triunfo, los premios Nobel, las grandes producciones de cine, los Planeta de literatura…, no los ha conseguido? ¿Porque como el resto de los mortales se ha visto reducido a sobrevivir ganando cuatro perras gordas en un trabajo que no le gusta? ¿Porque no es rico? ¿Porque cuando muera nadie se acordará de que existió apenas transcurridas unas décadas?

¿Y qué? ¿Es que acaso alguien se acuerda de quién fue o qué hizo su tatarabuelo? Esa necesidad de ser recordado, de ser famoso, de llegar a ser alguien que tanto alientan los medios informativos y televisivos. Si lo normal hasta hace poco era ser olvidado. La gran masa que gravitaba bajo la superficie de la fama nacía, vivía y moría sin la menor posibilidad de que sus hechos alcanzaran a ser recordados por la historia. Todos aquellos soldados que fueron masacrados en la guerra, los conquistadores que fenecieron ahogados por la selva antes de alcanzar la pirámide de oro, las mujeres que fallecieron al dar a luz a un niño muerto, los labriegos que jamás salieron de los cuatro horizontes que componían los cuatro puntos cardinales alrededor del terruño que debía arar, cultivar, regar y cosechar día tras día, año tras año durante toda su existencia. Si el fracaso es el olvido o no llegar a ser rico qué decir de todos esos seres que durante milenios han vivido bajo el yugo de los señores y poderosos sin posibilidad alguna de ascender; e incluso de esos ricos y poderosos ya nadie se acuerda.

No, la palabra “fracasado” surge ahora, cuando para incitar al consumo se proclama que cualquiera puede lograr la gloria y la riqueza al menos durante un breve instante, los 15 minutos de fama como decía Andy Warhol, ya sea como cantante de Operación Triunfo, de La Voz o Tronista.

Mejor dicho, es un resultado de haber adoptado la cultura estadounidense. Estados Unidos, la tierra de las oportunidades, donde cualquiera puede hacerse rico de la noche a la mañana, durante el siglo XIX, buena parte del XX, y todavía sigue sucediendo, millones de emigrantes han desembarcado con el fin de buscar su espacio. En sus países de origen no lo conseguían, estos eran demasiado viejos, de estructuras consolidadas y anquilosados, con el parcelario completamente delimitado, con una separación muy clara entre los que mandan y los que obedecen. Los siervos, los proletarios, los pobres por un lado; los nobles y los burgueses por el otro. Pero en Estados Unidos no parecía suceder eso, no existía nobleza ni tiranía, el país entero asemejaba ser un territorio virgen por explorar. La tierra de las oportunidades, de la libertad, uno podía llegar y besar el Santo como quien dice; en muy poco tiempo, de la noche a la mañana, de ser un mindundi tener un golpe de suerte y convertirse en un millonario. Los concursos televisivos, los reality shows, la teletienda…, todo eso nació en Estado Unidos para convencer y subyugar al telespectador de que con una sola llamada, un gesto, una pregunta afortunada, puede llegar a ser más de lo que es, tener todo el dinero que pueda desear, o al menos poseer un objeto con el que sus vecinos no cuenten.

Ahora bien, ¿qué sucede si no se consigue? Porque por mucho que América sea la tierra de las oportunidades es francamente difícil llegar a ser rico, de tal modo que la mayoría no lo logran. Todos esos emigrantes que acaban en los guetos con la delincuencia, la marginalidad, la basura blanca que reside en los parques de caravanas. Les prometieron que podían alcanzar la fama, el prestigio y la gloria pero no lo lograron, se quedaron en el camino. ¿Qué pasa con ello? Son los perdedores, los fracasados. Se supone que cualquiera puede ser rico y famoso en América. Entonces, ¿el que no ostenta esta condición es tonto, es un lerdo, es un fracasado? A la mínima en Estados Unidos te llaman “loser”, es el insulto favorito de América, con todo lo que conlleva. En Norteamérica únicamente merecen respeto los ganadores, al resto que les pique un escarabajo. O mejor dicho, el resto se convierte en unos resentidos. Estados Unidos es el país de las armas, de la violencia, de las bandas, de los guetos, de la desigualdad, de los resentidos. Y es que no hay término medio: o te conviertes en un triunfador, con el chico y la chica de revista, con capacidad para comprar todo lo que se te antoje, comer todo lo que se te antoje y después someterte a las dietas milagro, o te transformas en un amargado vengativo que va contra el sistema.

Afortunadamente mi amigo no ha llegado a ese estado de resentimiento. No ha alcanzado el nivel en el que está dispuesto a apoyar a quien sea y como sea con tal de destruir lo que le hace infeliz. Como si fuera a alcanzar lo que desea en otras condiciones, como si yendo de perdonavidas o de destructor por el mundo le fuera a dejar satisfecho. La respuesta a sus problemas es sencilla: si cantas para ser famoso, no lo hagas. Si escribes para que tu nombre sea recordado por los siglos de los siglos, sencillamente estás perdiendo el tiempo. Hazlo por otros motivos, porque te gusta, porque ayudas a los demás, porque mejoras el mundo aunque sea levemente, porque transformas y haces más vividera tu realidad y la de los tuyos a tu alrededor. Canta, escribe, dibuja, idea, juega al rol, haz política… Hazlo por cualquier razón, no obstante con la conciencia clara de que si te hace sentir un fracasado, no merece la pena.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s