Tres rosas amarillas. Raymond Carver

raymond-carver-tres-rosas-amarillas-121311-MLA20510378055_122015-ODecía Henry Miller que el relato autobiográfico era la novela del futuro. Si era así vaya vida se gastaba, como la de Charles Bukowski o la de Hunter L. Thompson. Raymond Carver no escribía sobre su propia existencia, ninguno de sus personajes, al menos no los de este libro, era alcohólico, todos se habían casado por segunda vez, guardaban relaciones extrañas de amistad-odio con sus ex-esposas o con sus madres. Pero el tono de Carver, aun así, resulta más cotidiano y conciliador que todos los autores que he mencionado. Carver es un narrador de tragedias cotidianas, de pequeños actos que para el conjunto de la humanidad pueden parecer insulsos, pero para una persona son importantes en ese momento y lugar, y quedan grabados para el resto de sus vidas. “Tres rosas amarillas” es una recopilación de cuentos, una retahíla de discursos resignados. Los protagonistas no se enzarzan, no luchan para modificar el planteamiento de partida, se dejan llevar por el transcurrir de los acontecimientos, son en definitiva unos cobardes. Pero la cobardía a fin de cuentas es algo tan humano. No me gustaría haberme metido en el pellejo de Raymond Carver. Tal como escribe debió ser alguien aplastado por la existencia. Más o menos, fue así. Leyendo su biografía uno descubre que justo cuando comenzó a tener éxito, justo cuando su vida se empezaba a solucionar, le sobrevino un cáncer terminal de pulmón. Asemejase sacado de uno de sus relatos.

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