Hierático

La faz impertérrita como la estatua de un faraón egipcio. Parece más joven de lo que es por la falta de arrugas de expresión. No suele sonreir, ni alzar las cejas, tampoco fruncir el ceño. La perfecta cara de póker. No es cierto que no se alegre por lo que a veces ocurre a su alrededor, o que nunca se sorprenda o se entristezca. Solo que la procesión va por dentro, que cuenta con una personalidad más bien mental y poco física. Un poco o demasiado cerebral. Esto no tiene por qué ser negativo. Al contrario. El hiératico, como cualquier otra persona, tiene que comunicarse, necesita comunicarse, lo hace. Y su manera de llevarlo a cabo es mediante la perfecta correlación entre lo que dice y lo que hace. Si indica “estoy bien”, es que realmente se encuentra bien. No hay que buscarle las vueltas, no hay mensajes tras sus palabras que queden ocultos y que la gente tenga que adivinar por la gestualidad inconsciente de sus manos, sus ojos, sus cejas o sus mejillas. Dice: “Esto me gusta”, y en verdad le gusta. Pone una pequeña objeción y es sincero en lo que indica y trata de hacer entender. Todo es lógico, todo es lineal en su manera de relacionarse. Envuelto en la ausencia de traumas, de complicaciones, de datos que el otro tenga que captar sin que se lo comunique explícitamente.

No obstante, lo nerviosos que se ponen algunos y algunas ante un hiératico. Parecen decir: No puedes estar alegre si no expresas alegría. No puedes estar a gusto con una persona si no sonríes, si no haces mimos, caricias, si no indicas lo mucho que te gusta. Un hiératico dice: Por favor, deja eso, y parece que esté molesto o enfadado. Pero solo es una advertencia, no me gusta que hagas eso en este instante, y al señalar esto no es que quiera dar a entender que no aprecie o no trate de entender a la persona, solo que deje de hacer eso porque no es el momento, porque hay otras prioridades, porque quiere hacerlo él por su cuenta.  A veces lo llaman distancia emocional. Es que no se da a conocer, es que no quiere que nadie se le acerque, no acepta la compañía, el consejo. Y el hiératico se queda alucinado ante este tipo de comentarios. Si dice que está bien, es que está bien. Si algo no le gusta o lo dice o se va. ¿Qué más prueba desea la gente sobre que se encuentra a gusto y cómodo que el hecho de que permanezca a su lado? Aunque la culpa no es del hiératico, ni de la chica que rechaza al hierático. En el fondo solo es un producto cultural, el infortunio de haber nacido en un país mediterráneo donde las palabras carecen de valor porque muy pocas personas cumplen lo que dicen, donde todo es expresión, gesto, mímica, la verdad de las emociones se reconoce en la parafernalia de las convenciones creadas sobre lenguaje corporal y no en una frase que se pueda decir. Una mano sobre el hombro, eso demuestra comprensión, empatía, deseo. El hiératico dice: Te comprendo, y casi nadie le cree. En el fondo lo que empieza a vislumbrar es que para buscar pareja tendrá que irse a Suecia  a Finlandia, a países fríos donde la gente no tenga tanta tontería.

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