La diva moderna

La diva moderna es independiente, emprendedora, poderosa, capaz, dispuesta a romper los tabues y los clichés… Sin embargo ha desaprendido a saber comportarse ante el agradecimiento. La diva moderna por lo común dista de ser egoísta, es magnánima, solidaria, y se prodiga frecuentemente en agradar a los demás. Pero se ha vuelto tan independiente que no acepta que traten de corresponder sus gestos y que la inviten. Como una antigua conocida en Barcelona. En una comida un ingeniero mayor en sus sesenta trató de invitarnos y de pagar la cuenta. Pero la diva moderna movió cielo y tierra para que todos participáramos en el gasto. Por supuesto el ingeniero se mosqueo. Él había sido quien había organizado el evento. Lo había hecho para darnos las gracias por algunos favores. Pero la diva moderna le negó su derecho a congraciarse. Anda, no seas tonto, decía. Casi llegaba al punto de reírse de él. A mi me daba vergüenza ajena, pero no por él sino por ella. A mí el ingeniero me recordaba a mi abuelo que le gustaba convidar y era un firme defensor del: “es de bien nacidos ser agradecidos”. Me siento mal porque tendría que haber actuado de otro modo aquel día, tendría que haberle parado los pies a la diva moderna y haberle dicho: Relájate y deja que te trate como a una reina. Ya le invitarás otro día pero este es su momento.

En el fondo, puede que me equivoque pero a veces pienso que lo que le sucede a la diva moderna es un exceso de maternalismo cuando no tiene por qué. Lo digo porque a veces su comportamiento me recuerda a mi propia madre. Por ejemplo cuando yo o mi hermano nos ponemos a cocinar por su cumpleaños. Le decimos: Cálmate, siéntate y disfruta. Pero no puede, es incapaz. Se poner a husmear por la cocina, nos cambia los cacharros, si nos ve con el cuchillo, batiendo huevos o lavando los platos nos quita de en medio y se pone ella, nos altera los ingredientes y las proporciones. La diva moderna se comporta de un modo similar. En el afán por su independencia, en la lenta pero progresiva desactivación del patriarcado, inconscientemente se reivindica siendo matriarcal y maternal. Cuando es madre es madre, como amiga de sus amigos acaba siendo como su madre, y en sus relaciones sentimentales de su pareja es amante y a la vez madre. Muchas chicas dicen no gustarle que sus novios las tomen como sustitutas de sus progenitoras. Pero en su agrado por agradar, en su ímpetu por huir del arquetipo de princesas consentidas, acaban con la contradicción de ser tan madres de sus novios como sus propias madres. Y la cuestión es que no se trata de ser una princesita, sino de saber aceptar el agradecimiento. No es tanto machismo como reciprocidad.

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