Motivos para estresarse

Se acaban las vacaciones. Podríamos decir, estoy tranquilo, relajado, preparado para el nuevo trimestre. Pero la última noche y un batiburrillo de nervios me aflora y reconcome en el estómago. Toda la semana ha sido así, sin embargo se concentran en esta madrugada mientras trato de indagar las razones. Pudiera argumentar, mi padre se ha venido a vivir unos días conmigo, una persona que va a su aire, que actúa sin preguntar y lo trastoca todo. Por otro lado el hecho que me ha confiado sobre mi madre, la soledad que la envuelve, el síndrome del nido vacío, conmigo en Almería, mi hermana en Madrid y mi hermano que se va a trabajar todas las mañanas. Aparte la calle donde vivo, por alguna razón que desconozco, se ha vuelto muy transitada, con coches que pasan cada diez o veinte segundos. Eso me hace pensar en los gatos que morirán atropellados esta noche. También hay por ahí cuestiones personales, con amistades que no se aclaran con respecto a ciertos temas, imbuidas por las dudas y con la impostura del silencio alegando que prefieren no pensar. Y por si fuera poco, hay que presentar los papeles de la oposición, carburando cómo voy a hacerlo con los horarios restrictivos y reducidos, así como por la falta de medios.
En resumen, o son todas las causas o ninguna. Pero de materializarse el segundo caso, ¿a qué viene esta desazón?

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