Viaje a la Alcarria. Camilo José Cela

alcarriaCela demarca la distinción entre un verdadero libro de viajes y una mera guía turística. El lenguaje de Camilo José Cela no trata de convencer, no mete por los ojos, no es su intención atraer y encandilar. No exagera, no inventa, describe con apabullante exactitud, tanto lo bueno, lo mucho de bueno, como lo malo, porque algo de malo hay. Aparte se refiere a sí mismo en tercera persona. “El viajero” hace esto o lo otro, toma tal o cual camino. Por lo común (aunque claro, debemos que tener en cuenta que la fecha en la que escribe su obra es 1947-1948) evita el atajo fácil de un vehículo propio o de un autobus. Y si acaso se monta en un autocar detalla los pormenores del viaje con exactitud (la incomodidad, la gente que vomita, los bebés que lloran). La experiencia viajera de Cela en este sentido se convierte en una lectura física, sensorial en la justa medida dentro de los límites de lo creíble, se respira lo que el viajero respira, se siente y se suda tal como el viajero lo hace, conversamos con los arquetipos y los seres con los que el viajero coincide y se encuentra, con sus particularidades, sus locuras malsanas algunas y aprovechables otras. Lees el libro de Camilo José Cela y te gustaría estar en La Alcarria, pero su manera de conseguir este efecto no radica en como lo haría una agencia de viajes vendiéndote lo imposible y una experiencia ultracelestial, sino por contra adentrada en lo terrenal, un libro y una lectura repleta de humanidad.

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