Moonrise Kingdown

No hay muchas películas de las que ya de primeras supiera que iba a escribir una entrada. Probablemente en otras circunstancias no habria escrito acerca de Moonrise Kingdown si no fuera por las circunstancias que más tarde comentaré. En su momento por ejemplo me parece que renuncié a redactar sobre “Grand Hotel Budapest”, que es del mismo director. Wes Anderson se está convirtiendo en un cineasta de culto, con un estilo propio y personal, con comienzos grandiosos, con una puesta en escena de la trama excelente y unas capacidades estéticas extraordinarias, una sensibilidad narrativa novedosa, arquitectónica, colorista, plástica, minimalista, de aire retro, y que le caracteriza con estilo propio. Aunque quizás personalmente achaca de que me desagrada, o me confunde, como compone los finales, cuando la trama se complica, sucesión tras sucesión de escenas y acciones sin dejar respirar al espectador. Dicho en otras palabras, de repente todo se precipita, y resulta al ojo y a la mente precipitado.

Por lo tanto, en Moonrise Kingdown espero quedarme con la primera mitad. Y decido limitarme a dicha mitad porque cuando vi la película lo hice pensando: ¿Cómo es una persona que tiene a esta por película de culto? Resulta que no es la única, que cuenta con una legión de seguidores. Pero en particular, si fuera posible delimitar rasgos de su personalidad, ¿qué diría? Colorista, que busca la armonía, con un sentido de la belleza plástico, de colores suaves, por lo común claros y combinados a la perfección, con un cierto regusto por la fábula, por la vida que parece un cuento, que añora con nostalgia o que sigue buscando su primer amor juvenil de verano (aunque ya haya tenido varios amores o descepciones). Una persona para la cual la vida moderna resulta muy complicada. Busca lo sencillo, lo ordenado, lo claro, su lugar mágico y espiritual, un lugar y una persona que sean claros, que sepan lo que quieren, que se puedan contemplar de un vistazo. Lo retro tiene esa esencia, esa perspectiva, parece todo más sencillo con un tocadiscos que se lleva como una maleta que funciona a pilas, ropa ligera, vaporosa y exento de complicaciones encima, y una maleta con sus obras literarias favoritas. Ay, el primer romance juvenil, lo sencillo que era todo, repleto de ingenuidad, de ternura y de descubrimiento. Aunque por mi parte sensación que no comparto. En esa época no me hacían falta niñas. Tan solo cuevas y castillos.

Por mi parte, si tuviera que elegir una película de Wes Anderson escogería “The Royal Tenenbaums”. Prometo redactar una entrada sobre este título.

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