Archivos Mensuales: mayo 2016

Los organos_Manuel Sierra

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Sobre la fotografía. Susan Sontag

Las dos primeras palabras, “Sobre la”, ya nos marcan cómo va a ser el libro. No un tratado sobre cómo captar buenas imágenes, acerca de la técnica, de las maneras de aprovechar la luz y los tipos de luz. Si buscan eso, mejor indague en títulos que contengan términos como “taller” o “paso a paso”. Más bien, la intención de Susan Sontag es intelectual. Una obra de filosofía acerca de la fotografía, que se acerca en muchos aspectos a la crítica de arte.

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Música para el desierto

Me quedan poco más de dos semanas en Almería. Los fines de semana los aprovecho para hacer senderismo y para viajar por la provincia en lo que he llamado mis findes de homenaje. Paralelamente me preparo para mi trayecto de vuelta hacia el oeste. Sé ya el camino que tomaré. De las dos autovías, la de la costa y la del interior, me tiraré por la segunda. Hay un momento en esta segunda en el que se puede considerar mágico. Dejas atrás el mar, la civilización. Llegas a una planicie elevada en un valle que deja a un lado la Sierra Nevada y al otro la Sierra de los Filabres. Es la carretera desde Canjáyar a Baza y Guadix. Canjáyar significar “Las puertas del infierno”. No es que sea un desierto como indico en el título, al menos en el sentido de Tabernas. Pero a mil metros sobre el nivel del mar, sin árboles, con escasos pueblos esparcidos, y, sobre todo, un recorrido en el que durante más de cincuenta kilómetros prácticamente te puedes encontrar con diez o veinte vehículos. Lo tengo decidido. Ese es el instante perfecto para disfrutar la conducción. Por lo que me preparo, me mentalizo, para tener una experiencia mística al volante, para disfrutar de la soledad. Probablemente la mejor hora sea el mediodía. De acuerdo, con el sol cayendo, pero sin sombras y con espejismos. Una velocidad moderada. No puedo controlar el viento, pero espero que sea una brisa suave que agite levemente las ramas de los arbustos. Y la música. Ah, la música. Eso es otra cosa que voy haciendo fin de semana tras de semana. Recopilo, escucho las canciones en el coche, selecciono. De momento el disco es el siguiente. Por supuesto, ando abierto a sugerencias:

  • Anthony and the Johnsons. For today I’m a boy
  • Arcade Fire. Flatland
  • Carter Burwell. Fargo
  • Dead Man’s Bones. Lose your soul
  • Donovan. Comienzo hermano sol hermana luna
  • Ennio Morricone. El secreto del Sáhara
  • Isobel Campbel & Mark Lanegan. Revolver
  • Jean Baptiste Lully. Marcha para la ceremonia de los turcos (versión de Jordi Savall)
  • John Tavener. The lamb
  • Lana del Rey. Videogames
  • Loquillo. Cadillac Solitario
  • M83. Outro
  • Moloko. The time is now
  • Radiohead. Reckoner
  • The bluetones. Sleazy Bed Track
  • The Polyphonic Spree.
  • Vitalic. Poison Lips

Felicidad

Una pareja de golondrinas se han puesto a construir su nido bajo uno de los voladizos del instituto. Su alegría y su algarabía es contagiosa. Al menos en mi ánimo. Los observo desde la mesa del aula, en frente mía los estudiantes están enfrascados en un examen. Por una vez están callados los jodíos con las cabezas echando humo, y las manos engarfiadas por la falta de costumbre de escribir. Claro, les interesa, es el último examen del trimestre, tienen que esforzarse. Y mientras tanto yo disfrutando de la escena ornitológica. Me pregunto si debería detener la prueba, decirles que dejen de redactar las burradas que estén plasmando y que miren por la cristalera. “Fijaros, eso es importante, eso es vida, eso es naturaleza que se pierde. No sabéis la oportunidad que tenéis delante, contemplar con vuestros ojos a uno de los mejores arquitectos de la naturaleza”. Pero de momento me detengo, con la duda de que vayan a comprender, de que sean capaces de aprovechar. Alguno lo hará, supongo. O por lo menos mencionárselo al maestro de biología a ver si a él (o a ella) le trae mas cuenta. Finalmente decido que sí, que lo haré. Pero al final de la clase, porque de momento a disfrutar del silencio reparador.

Infelicidad

La reacción de una niña que de repente se pone farruca por algo que sabe que está prohibido en clase, pero que por sus ovarios tiene que hacerlo, es suficiente para desatar el drama. Por el malestar que genera con posterioridad, por el enfrentamiento, por el conflicto que aún no he conseguido que deje de quedárseme enquistado. Porque los malos momentos atraen otros malos momentos. No tanto ocurre con los buenos. En teoría es plausible. El malestar busca aliados para medrar en el organismo, para provocar una crisis generalizada, una rotura en el sistema, una catástrofe. El principio es sencillo, hay que provocar el conflicto para incitar la necesidad de una resolución negociada y llegar a un nuevo equilibrio. Sé que mañana me encontraré mucho mejor. Pero de momento me hallo inserto en el drama. ¿Quién sabe si este blog sobrevivirá al envite? Si no me hartaré y lo borraré. Porque, ¿de qué me sirve? Para alentar la esperanza, una vana sensación de que a lo mejor todo esto algún día se arregla, de que obtendré la recompensa que pienso que merezco. Porque a fin de cuentas, ¿qué es lo que hago aquí? Dando clases a adolescentes solipsistas y respondones en vez de a universitarios. Si es que tendría que estar allá, profesoreando a gente de tercero o cuarto de carrera, en vez de a tercero y cuarto de ESO, si no de un Máster o de un doctorado, investigando y escribiendo libros sobre teorías hipercomplejas acerca de la ciudad, la vida y el universo. Pero lo de siempre, el recuerdo que se repite, acerca de cómo me echaron de mala manera del ámbito universitario. La sensación de una vida frustrada, una existencia fracasada, abotargado por la falta de lectores, con la sensación de que escribo únicamente para mí mismo, para mi autocomplaciencia. Con la creencia de que ya no me queda talento, que lo perdí hace mucho, si es que acaso alguna vez lo tuve. Ya no soy tan original como antaño, no se me ocurren esas lúcidas perversiones de los tiempos de universo cinocuo, esa etapa ya pasó y voy encamino recto hacia el rumbo de la defunción. En definitivas cuentas, la infelicidad, una palabra que se repite desde hace mucho, así como una pregunta en la que ciertas personas insisten: ¿Eres feliz? No es bueno revolver las aguas, desde luego. Ninguna niñata ni niñato, por necesario que me sea trabajar, merece estos desvelos.