Adolescencia

Ah, mi reina dionisíaca. ¿Te acuerdas cuando te decía que me llevaba mejor con los alumnos en el instituto que con mis compañeros de trabajo? Porque a fin de cuentas mis colegas eran adultos y debían comportarse de manera racional, tenían que ser lógicos y coherentes con sus decisiones, era lícito exigirles que fueran consecuentes, que obrasen de manera considerada y no arbitraria. Pero con los adolescentes sucedía distinto. Los niños eran niños, me decía a mí mismo que lo normal que acaeciera consistía en que estuvieran medio locos y no supieran lo que querían, que fueran remolones o escandalosos sin razón, que no se mostraran capaces de contenerse a la hora de hablar sin parar o de comentar cualquier chascarrillo. ¿Te acuerdas que te comentaba que no comprendía cuando uno de mis compañeros criticaba a los adolescentes por no comportarse de manera racional? La juventud es la juventud, ¿es que no recordaban cuando ellos mismos fueron chavales? Y sin embargo lo que me repateaba escucharles cuando declamaban sobre educación cuando no aplicaban lo que decían, las veces que me prometían en la época en la que no tenía coche: “Venga, sí, el próximo sábado vamos de senderismo”, cuando se ponían a perorar sobre política, sobre urbanismo, sobre la vida, en ocasiones sin mostrarse razonables ni abiertos, sino como poseedores de verdades absolutas cuando sus opiniones eran del todo discutibles.

Me escuchabas y entonces te entraba la preocupación, porque a ver qué iba a pensar de ti. Pero en esos instantes te decía: “No, tranquila, contigo me comportaré como mi adolescente de treinta y tantos años cumplidos. Te dejaré ser loca, irracional, incoherente. Te besaré en la frente cuando dudes de manera insistente: Ora sí, ora no, ora quiero esto, y ora lo otro; cuando note contradicciones en tu discurso, a veces sin siquiera darte cuenta, como la vez que te dije que tenía dudas, a continuación me achacaste que esas dudas eran unilaterales por mi parte, pero resulta que tú misma comenzaste la conversación con: “No sé si esto es lo que quiero”. Te besaré en la frente y toleraré que seas una niña loca, que hables cuando no debieras hacerlo porque estropea el instante, que estés alegre cuando el resto del mundo es funeral, que digas barbaridades cuando te parezca, que te contradigas y te creas perfecta sin serlo, admitiré que seas superficial, que recuperes conmigo esos años que me decías que perdiste”. Te besaré en la frente, y sonreiré ante tus imperfecciones, y asentiré y me arrebolaré porque ahí radica tu encanto.

Pero, ah, la primavera… hasta eso estropeó.

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