Archivos Mensuales: junio 2016

Duelo

Los héroes de la infancia duran menos que la vida adulta de quienes los adorábamos. Hacía tiempo que no sabíamos de ellos, que no aparecían en películas, en televisión. Mis estudiantes, si acaso les enseñara una filmación, dirían que no son más que antiguallas, que se les nota el truco y el cartón. Tampoco es que su cine fuera el más digno ni el más brillante, repleto de la ingenuidad de los ochenta. Ni que ellos fueran grandes actores. Pero llenaban la pantalla, y marcaron una época, al menos en mi caso más que las princesas Disney. Su valor es el de la nostalgia. Sus grabaciones serán ya antiguallas, pero las reposiciones a troche y moche que en muchos canales de la moderna TDT hacen de su cine, indican que alguien les tuvo que apreciar. Pudieran estar viejos ya, haberse apartado de la vida pública. Pero nos bastaba con que estuvieran allí, que se mantuvieran vivos. Porque su muerte supone un paso hacia nuestra propia vejez. La decadencia física y mental apuntala un ladrillo más con un personaje al que añorabas y que se pierde, y al que no te atreves a llorar porque según mucho no era más que actorzuelo. Sin embargo, era importante. Marcó, te marcó. No serías hoy lo que eres, bueno o malo, sin él.

Adiós Carlo Pedersoli. Bud Spencer, descanse en paz.

Mientras el viento azota la costa como una premonición del fin del mundo, me voy despidiendo de aquello a lo que me he acostumbrado. La última vez que circulo por determinada rotonda, el último vistazo al instituto. Las palmeras amenazan con doblarse y romperse, sus hojas decoran el pavimento de las calles, conforme voy diciendo adiós con la mano y con la mirada. El edificio en construcción, el supermercado, el triángulo verde de chalets con piscinas y frondosas arboledas que se ve desde el balcón. Hace un año no me planteaba venir a Almería. Ahora que he estado sé que probablemente volveré.

Despedidas

La conciencia de que termina una etapa, y la falta de energías, la falta de fuerzas. Tengo que dar gracias a la casualidad, porque siendo un ser del oeste, habiéndome criado en el sector occidental, tenía muy pocas posibilidades de algún día visitar la provincia de Almería. A cuatrocientos kilómetros del familiar o amigo más cercano. Pero aquí sigo, aquí he estado, desde septiembre. Tiene gracia porque el otro día, explicando el tema del turismo a los estudiantes, les hablaba de los indicadores de calidad paisajística, las cuestiones que debe tener un paisaje para resultar atractivo. Les exponía los indicadores tal como hablan de ellos la mayoría de autores, los cuales tienen una visión que se concentra en un hábitat muy característico: Los Alpes. Tiene que haber relieve, cobertera vegetal importante, superficies hídricas y sensación de frescura. Esto es, montañas, nieve, ríos, lagos,… Pero tras un año uno apren a apreciar el desierto, la sequedad, las montañas como pirámides con hojarasca, que ojalá se conserve por muchos años. Y una idea que suelto, los derechos de autor sobre el paisaje. El turismo debe evolucionar a esto. La población local debería recibir dinero por conservar, y no destrozar, el paisaje que ha heredado, porque construir invernaderos y apartamentos no sea la única opción para invertir en la provincia. Los derechos de autor sobre el paisaje natural, tradicional, patrimonial. Almerienses, si os he criticado en el pasado mis disculpas, me dáis envidia, vivís en uno de los mejores mundos posibles.

Una pequeña historia de la filosofia. Nigel Warburton

En apoyo a los compañeros del departamento de filosofía, con la angustia, la incertidumbre y la pesadumbre sobre su futuro profesional, ahora que resulta que Filosofía dejará de ser obligatoria en selectividad y les quitarán horas en favor de la una enseñanza más técnica y científica. Pienso que “Una pequeña historia de la filosofía” podría ser el perfecto manual de cabecera para cualquier estudiante de Bachillerato o de los últimos cursos de la ESO. Compuesto a base de pequeños artículos que explican brevemente las bases del pensamiento de cada autor. Ameno, fácil de leer, comprensible, un soporte desde el cual incitar al lector a que siga profundizando, y que, lo más importante, incita a hacerse preguntas. Precisamente esa es la base de la filosofía occidental desde Sócrates, no dar lo sabido por sabido, poner lo que creemos conocer y entender en duda.  Alimentar el juicio critico, en definitivas cuentas. Desarrollar el verdadero placer, que a juicio de una gran parte de los autores históricos pasa por los placeres sencillos, la lectura, la reflexión, la conversación, la comprensión. Abandonamos la sabiduría precisamente en el peor momento, cuando no podemos dejar que la voracidad consumista y la adicción tecnológica nos posea. Cuando la templanza y una apuesta clara por el gasto comedido y racional, debieran ser primordiales.