Duelo

Los héroes de la infancia duran menos que la vida adulta de quienes los adorábamos. Hacía tiempo que no sabíamos de ellos, que no aparecían en películas, en televisión. Mis estudiantes, si acaso les enseñara una filmación, dirían que no son más que antiguallas, que se les nota el truco y el cartón. Tampoco es que su cine fuera el más digno ni el más brillante, repleto de la ingenuidad de los ochenta. Ni que ellos fueran grandes actores. Pero llenaban la pantalla, y marcaron una época, al menos en mi caso más que las princesas Disney. Su valor es el de la nostalgia. Sus grabaciones serán ya antiguallas, pero las reposiciones a troche y moche que en muchos canales de la moderna TDT hacen de su cine, indican que alguien les tuvo que apreciar. Pudieran estar viejos ya, haberse apartado de la vida pública. Pero nos bastaba con que estuvieran allí, que se mantuvieran vivos. Porque su muerte supone un paso hacia nuestra propia vejez. La decadencia física y mental apuntala un ladrillo más con un personaje al que añorabas y que se pierde, y al que no te atreves a llorar porque según mucho no era más que actorzuelo. Sin embargo, era importante. Marcó, te marcó. No serías hoy lo que eres, bueno o malo, sin él.

Adiós Carlo Pedersoli. Bud Spencer, descanse en paz.

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