Archivos Mensuales: julio 2016

Mar plano_Manuel Sierra

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Bipolaridad aparente

Las obligaciones, la responsabilidad adquirida, la propia razón, la prudencia, la ergonomía, la economía, la timidez… El inconmensurable numero de trabas que se plantea uno a diario. Esto opuesto a por otro lado una mente inquieta, ebullescente, que genera ideas, emociones, elucubraciones, que desea en definitivas cuentas. Por lo tanto, cuando llega un instante en que se superan las barreras, como al sacar una idea novedosa, o al atreverse a hablar con una chica, el súbito subidón de adrenalina que esto produce, la energía febril y nerviosa que consume a continuación, la exacerbada actividad mental y física que se lleva a cabo, hasta que de repente algo devuelve los pies al suelo, o simplemente un obstáculo inesperado, y de repente el bajón emocional, el hastío físico e intelectual, que circula por la sangre durante horas y días. Del entusiasmo al cansancio, de estar pletórico al agotamiento. Entonces, ¿puede la timidez ser motivo de un estado bipolar aparente (no relacionado con el trastorno médico)? Bueno, eso es algo que los psiquiatras habrán de responder.

El lenguaje conjura posibilidades

El lenguaje constituye la realidad. Una de las ramas más importantes de la filosofía del siglo XX trata sobre el giro lingüístico, o como a través del lenguaje conocemos y construimos la realidad. La necesidad que tenemos de nombrar lo  que existe, hasta tal punto que parece que si algo no tiene un nombre no existe. Con respecto a esta tesis, si le damos la vuelta, si algo que no existe o es intangible recibe un nombre, inmediatamente parece que ese algo nombrado exista. Como las ideas de Dios, el amor, el alma. Son palabras que se introducen en nuestra mente, en el sistema lógico-cognoscitivo con el que construimos la realidad. Seremos capaces de negar la existencia de Dios, pero no podremos negar la palabra Dios en cuando se ha introducido en ese sistema. Es plausible decir: Dios no. Sin embargo, al introducir la negación sobre Dios, admitimos inconscientemente dentro del sistema que puede haber algo llamado Dios. Dicho de otro modo, bien podremos ser ateos o agnósticos, ser como Richard Dawkins que lo niega fervientemente, pero nuestra vida y nuestra existencia se construye con Dios aunque sea en la negación. La única manera para evitar esto es que desde que nuestro nacimiento hubiéramos vivido en una cápsula apartada residiendo con personas que en ningún momento nos hubieran hablado de Dios. Esto es, los sistemas no entienden la negación, sino de posibilidades que se activan o que se mantienen latentes hasta entrar en juego.

En definitiva, el lenguaje conjura posibilidades. Si no quieres que algo suceda no lo menciones, que no entre en la conversación, que las personas de las que depende un plan no lo escuchen. No digas cosas como “no me vayas a dejar plantad@”, “Si no quieres estar conmigo me lo dices y en paz”. Porque, una vez en la mente a través del lenguaje se convierte en posibilidad. Y he aquí que cabe hablar de la ley de Murphy: Todo lo que es posible llegará a suceder. O adaptando la ley a nuestro contexto: Todo lo que se introduce en el sistema a través del lenguaje se convierte en posibilidad y podrá llegar a suceder”.

La base inamovible

A vueltas ayer con la moral kantiana y el imperativo categórico, decíamos, estamos ante una moral que se basa en hacer lo que debes, entendiendo el deber como una condición universal que todos los seres humanos compartimos (no mientas, no robes, no hagas daño a sabiendas, no mates…). Ahora bien, ¿y si lo que deseo no es una condición con la categoría de universal, sino dispuesta por las circunstancias? Me explico.

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Kant y la complejidad

La moral de Kant es uno de los grandes hitos de la historia de la filosofía en cuanto a ética se refiere. Uno tiene que hacer lo que debe hacer porque debe hacerlo. Dicho con otras palabras, ante la pregunta cómo habremos de actuar moralmente, Kant responde: Obra tal como debes. No como creas que has de actuar, o dejándote llevar por la piedad y la conmiseración, o cómo te indica la sociedad y el grupo de amigos, parientes, compañeros de trabajo…, sino únicamente como debes. Uno debe actuar siguiendo el criterio: Obra con los demás tal como te gustaría que se comportasen contigo. Esto es, a nadie le gusta que le asesinen, que le roben, que le engañen, que le torturen. Por lo tanto, no mates, no mientas, no sustraigas, no provoques daño de manera intencionada. Por ejemplo, el caso de mentir es el más paradigmático, ante ciertas situaciones como aliviar o amortiguar el sufrimiento de alguien ante una verdad, mentimos. Sin embargo, Kant nos señala: Haz lo que debes, independientemente de las circunstancias. Por lo tanto si tu debe es no mentir, no engañes nunca, aunque creas que lo haces por consideración hacia esa persona.

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