La base inamovible

A vueltas ayer con la moral kantiana y el imperativo categórico, decíamos, estamos ante una moral que se basa en hacer lo que debes, entendiendo el deber como una condición universal que todos los seres humanos compartimos (no mientas, no robes, no hagas daño a sabiendas, no mates…). Ahora bien, ¿y si lo que deseo no es una condición con la categoría de universal, sino dispuesta por las circunstancias? Me explico.

  • Hallarse en un ambiente donde no se me tortura, no se me encierra, no se me ejecuta, por decir lo que pienso.
  • Tener la capacidad de desarrollar mi existencia de acuerdo con mi iniciativa y mi criterio.
  • Tener resueltas mis necesidades básicas de oxígeno, agua, alimentos, vestimenta, energía, asistencia y sanidad, y acceso a la información para realizar tareas de obtención, gestión y producción de la misma.

No se puede negar que esto es lo deseable, podríamos entenderlo como la base inamovible. Si bien esto no es universal, se me es permitido debido a la especial configuración material y cultural de la sociedad en la que vivo. Muchas de las estructuras históricas no permitían la mentada manera de proceder: la inquisición, la caza de brujas, las purgas. De la misma manera, gran parte de las religiones, ideologías, creencias, costumbres… que practican las gentes de este planeta claman contra estos parámetros vitales básicos. Entonces, ¿una moral universal tiene cabida? ¿Me convierto por ello en inmoral?

Lo admito, soy un ser con una forma, definiendo forma y formal no en el sentido de axioma lógico y matemático, sino en el contexto de que mi forma es lo que me permite relacionarme con el mundo, con los demás y conmigo mismo, bajo que condiciones y pautas se establecen esas relaciones. Por lo tanto, si planteo que mi moral es una moral de mi forma, hablo de que me posiciono con una ética particular y singularizada al contexto donde me hallo, definido por la base inamovible que planteo, y en consonancia:

  • Te defenderé y te ayudaré en tu opción de acoger y desarrollar la base inamovible como el soporte de tu existencia.
  • No obstante, no admitiré que tu pensamiento y tu iniciativa sea ilimitado, en cuanto que pueda producir y conllevar circunstancias e ideas que puedan dañar la base inamovible. Ni siquiera cuando se basen en una lógica de inferencia formal, universal y categórica.
  • Asimismo, se trata esta de una moral que tendré que aplicar sobre mí mismo. No permitiré que nadie coarte mi pensamiento y mi iniciativa, siempre que mi propio modo de actuar no conlleve la destrucción de la base inamovible.

Ayer decíamos, la moral kantiana es una moral de resignación en cuanto a que induce al individuo a realizar lo que debe aún sin conocer las consecuencias de sus actos a la larga. Del mismo modo, cabe achacar que cómo podemos cumplir con el tercer criterio si no podemos conocer los efectos pormenorizados de nuestros actos. Se trata de una labor difícil, no obstante coherente en la medida en que nos encontramos ante una moral de responsabilidad. Tendremos que proceder ni más ni menos a responsabilizarnos de nuestros actos hasta el punto de transformarnos a nosotros mismos si resulta que algo falla. Se trata de una ética de evolución personal, de constitución de nuestra forma. En esto nos alejamos de Kant, y por contra nos acercamos a las posturas de existencialistas como Kierkegaard o Sartre.

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