Amores razonables

En los últimos años parece haberse puesto de moda criticar el amor romantico. Un amor artificial, según algunos, una invención del siglo XIX, la creencia de que existe una persona adecuada para cada cual, un amor irrompible, incombustible, capaz de durar para siempre, que justifica la idea del matrimonio para toda la vida, y fueron felices y comieron perdices. Puede que sea una invención, incluso una impostura, que atontece a las adolescentes y las hace entregarse sin ton ni son a los cuentos de princesas, e incluso a veces a sacrificarse hasta perder la propia identidad en pos de la persona querida. No obstante, se podrían identificar algunos precedentes, amores razonables y reales que si bien imperfectos, pudieron inspirar la idea del amor romántico.

Como el amor prohibido. Existe desde que el ser humano es ser humano, tribal y gregario. La pasión prohibida por alguien que no nos conviene, que no pertenece a la comunidad, que la madre, el padre, la sociedad, rechaza. Pero precisamente por ser prohibido e inconveniente excita. Por tener presenta hasta justificación evolutiva. El amor prohibido rompe con la monotonía, con los atavismos sociales, con la inercia que puede llegar a convertirse en una cárcel para la propia existencia. En otras palabras, permite a la persona plantearse otras realidades diferentes de la que se halla que podrían ser a la larga mejores (o también peores).

En esta lógica también se encuadraría el amor por lo exótico. Algo que se distingue de lo que estamos acostumbrados, posiblemente ya no prohibido, pero que se sale del tiesto donde nos hemos plantado. Enamorarse de un bicho raro, de un engendro de otra calaña, raza, etnia, cultura.

Menos idílico serían los amores tóxicos, igualmente ahistóricos y naturales, las obsesiones malsanas, que alguien podría decir que no deberían denominarse realmente como amores sino como enfermedades. La obsesión producida por el despecho y el orgullo, aguantar una situación injusta y enfermiza simplemente por creer estar enamorad@, la esperanza vana de que el ser querido volverá, de un largo viaje o de entre los muertos.

Puede que el amor romántico sea una concepción institucionalizada, de una sociedad que ha buscado establecer un rango básico de lo que debe entenderse como amor. Ahora bien, ¿alguien puede negar que no haya experimentado aunque sea levemente alguna de estas tres categorías de amores razonables?

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