Hegel y la complejidad

Hegel y su dialéctica (tesis, antítesis y síntesis), auguran una concepción lineal de la historia, siempre en progreso, siempre incrementando lo aprendido. Por contra, lo cíclico necesitaría del desaprendizaje, lo cual parece relacionarse con la noción de accidente o cataclismo. Pero, ¿y si no fuera del todo así?

Hegel, como filósofo de su tiempo, del siglo XIX, se encontraba influido por los enormes surcos de la historia de la filosofía que fueron Platón y Aristóteles. En concreto este último, que ya introdujo hace más de dos mil años eso de que “dos ideas, si son opuestas, no pueden ser ciertas a la vez”. Sería como decir: “Si aprendemos es imposible desaprender”. Ahora bien, el paradigma de la complejidad ha demostrado que esto no tiene por qué ser así. Edgard Morin decía: “El conjunto es más, y menos, que la suma de las partes”. El conjunto es más que la suma de las partes porque unidos los elementos pueden albergar una potencia mayor que individualmente. No obstante, también es menos porque los elementos individualmente poseen cualidades que a la hora de integrarse en una organización quedan constreñidas.

En cualquier caso, lo que nos interesa ahora mismo es si sería posible decir: “A la vez que aprendemos, desaprendemos”. Pues sí. La síntesis no puede contener la totalidad de los enunciados, de las partículas, de los elementos, que poseían la tesis y la antítesis por separado. Es como la frase de Edgard Morin, aunamos elementos, pero a la vez perdemos riqueza. Siempre hay cosas que se quedan en el camino, tecnologías obsoletas,  conceptos anticuados, sentimientos aletargados. La palabra “latente” sería la adecuada en este contexto, no obsolescencia. Porque, ¿quién sabe si todo eso que perdemos no será necesario en el futuro? Como labores tradicionales menos eficientes pero más ecológicas. ¿Y si la antítesis con la que se enfrenta la tesis no proviniera del presente sino que fuera un hecho rescatado del pasado? ¿Y si la dialéctica hegeliana, más que una evolución hacia el progreso, fuera una constante confrontación de lo actual con lo pretérito, un ejercicio de melancolía, rescate de la tradición y nostalgia? El desaprendizaje estaría implícito en la dialéctica, y por ello la concepción de la historia no sería del todo lineal, sino también cíclica, porque estamos perpetuamente recuperando, reformulando, reinstaurando.

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