París era una fiesta. Ernest Hemingway

La prosa de Hermingway describe sin llenar, es necesario completar los huecos y recovecos. Menciona sin expresar una opinión, o al menos sin tratar de llevar al lector a su terreno. Renuncia, al contrario que tantos escritores acometen, a formar al que abre las páginas de sus libros en una determinada ideología. En otras palabras, leer a Hemingway y obras como “París era una fiesta” plantea un acercamiento a la realidad tal como es, y no sesgada, almibarada, recrudecida. La sencillez en este caso se convierte en puntos que suman. Hemingway logra la hazaña de devolver la humanidad a personajes legendarios como Gertrude Stein, Ezra Pound o Scott Fitzgerald. No son mitificados, son descritos con sus virtudes y sus defectos. Un retrato de una época legendaria. Supone el contrapunto a “Medianoche en París”. Woody Allen crea la fábrica de los sueños en los años veinte, Ernest Hemingway devuelve los pies a la tierra.

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