La inercia del fiasco amoroso

Desde el siglo XVIII comprenden el tiempo los filósofos de la historia como factor de evolución y progreso. El tiempo como aquello donde se suceden los acontecimientos. Por ejemplo, en el XX los historiadores de la escuela de Annales, con Braudel como exponente paradigmático, entendieron distintos tipos de duración histórica. El periodo corto o factual como aquel donde se suceden hechos puntuales e inesperados, tal cual la irrupción de Napoleón en el panorama político europeo, las revoluciones rusas, el asesinato del archiduque Francisco Fernando, etc. El periodo medio o coyuntural, que establecen el ambiente donde se suceden los hechos, como un clima de tensión bélica, una etapa de bonanza económica o de crisis. Y finalmente el periodo largo o estructural, con realidades que se mantienen más allá de la vida de un individuo, como un modelo económico que se perpetua, o la cultura tradicional que marca caminos y tendencias en el individuo.

Preferiría no hablar en términos de duración, sino de inercia. El otro día hablabamos de la historia como un fondo de reserva de elementos que pueden ser rescatados una y otra vez. La frecuencia con que se reproducen en el presente marca la inercia de un hecho, respecto a que mayor cantidad de veces es reproducido mayor será la tendencia a que vuelva a suceder en el futuro. Hablábamos del ciclo sentimental como lo que tarda un suceso, como un sentimiento que influye en el presente, en ser reproducido. Entonces en el periodo largo, por mucho que se le llame largo, el ciclo sentimental es mínimo. Estamos acostumbrados a que nos gusten personas mayores que nosotros por ejemplo, y buscaremos con mayor asiduidad e insistencia a este tipo de personas. Por contra, en el periodo corto el ciclo sentimental tiende al máximo. El tiempo, refiriéndonos a como lo explicó Einstein, existe para todos los sucesos posibles tengan lugar al menos una vez. O indefinidas veces, pero de tal manera que llegamos a olvidarnos de ellos, aunque la posibilidad está ahí. Parece poco probable, pero alguna vez será posible que seamos la persona de mayor edad en una relación. O en una calle en la que nunca ocurre nada, de repente un accidente. O un personaje que surge del anonimato en un periodo de necesidad y que se propone como el héroe que requiere la nación.

En todo caso, falta el periodo medio. Parece a priori aquel que se haya a mitad de camino entre los dos. Expresado de manera coloquial el tiempo de periodo medio como aquel establecido por sucesos conocidos que no ocurren continuamente pero que sabemos que tarde o temprano volverán a tener lugar. Como las épocas de prosperidad y de crisis, de paz y de guerra. O como lo que está tardando en producirse el fiasco amoroso. Sabemos que llegará a suceder, que terminará por acaecer, la posibilidad está ahí, como una profecía autocumplida. El tiempo de periodo medio como aquel donde somos capaces de percibir los ciclos, porque estos tienen lugar dentro de un intervalo de tiempo que somos capaces de recordar. Mientras tanto a disfrutar, esto no durará para siempre, la anterior vez fue un mes, la última no más de dos semanas, ya veremos la siguiente.

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