Café Society. Woody Allen

Woody Allen no sabe componer escenarios humildes, no sabe dejar de ser Woody Allen. “Café Society” es una manera de denominar a la creme de la creme, a la sociedad de alto copete, glamurosa, que va a los locales de moda, se codea con las estrellas de cine, y escucha jazz a las dos de la madrugada. Uno esperaría que una película titulada “Café Society” fuera sobre los entresijos, la hipocresía y las falsedades de este tipo de comunidad. Pero no es así. Es tan solo el escenario. El guión trata sobre las pasiones humanas, eternas, inmutables, lugares comunes. Sobre amores que se perpetúan en el tiempo, no correspondidos, o precisamente correspondidos pero inconvenientes. En definitiva, sobre la tensión sexual, resuelta o sin resolver, pero que perdura en el tiempo. Como la vida misma, a todos nos ha sucedido algo como eso, sin necesidad de ser famosos, o de convivir con ricos, modelos de lencería, o futbolistas de renombre. Lo dicho. Woody Allen es perro viejo, y como tal se ha quedado en sus viejas costumbres. Sigue hablando sobre relaciones humanas, y sigue sin acercarse a la gente común de la calle, a la población que no es mitómana, excesivamente culta o melómana del jazz. Woody Allen sigue siendo Woody Allen y nunca dejará de serlo.

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