El expreso de Tokio. Seicho Matsumoto

Novela negra publicada en 1957. Dicen los críticos y expertos sobre el tema que se trató de una obra cumbre renovadora en la literatura japonesa de su época. Quizás. Hoy en día pasaría por una historia sorprendentemente sencilla, bastante predecible, llena de elementos básicos, digna de un autor novel, pero no de un novelista experimentado. Da la impresión de ladrillo. Me refiero, de piedra en la base del muro sobre la que sustentan las demás, el comienzo de una experimentación, con descripciones de cómo ha de ser un inspector y el trabajo policial incipientes, una trama muy bien cimentada sobre las matemáticas y cifras de una secuencia temporal basadas en los horarios de las líneas de tren y de avión, pero psicológicamente muy simple. No encontramos aquí esas largas parrafadas sobre las motivaciones que hallamos en autores actuales, no japoneses, como Lorenzo Silva u otros. Aunque lo que siempre llama la atención al leer una obra japonesa son las diferencias culturales. La trama comienza con una supuesta pareja de enamorados que ha decidido suicidarse. El libro lo trata como algo normal, hay cientos de casos. Y eso es lo que primero choca al leer una obra como esta, ¿cómo ha de ser la sociedad japonesa, cómo de distinta, para que el suicidio de una pareja de amantes, más que como una tragedia, se contemple como algo casi cotidiano y cuyo único daño a los seres (tanto parientes como amigos a su alrededor) es la vergüenza y el escarnio?

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