Archivos Mensuales: noviembre 2016

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El taumaturgo en su montaña

El frío había llegado de súbito como un golpe romo. Una señal de ello eran las moscas que se apelotonaban en el cristal buscando el calor. Horas más tarde Heriberto contempló el cadáver de uno de los insectos en el suelo del rellano. Para cualquiera un punto negro, insignificante, indistinguible. Aunque a él le produjo lástima, y se le ocurrió la posibilidad de que si fuera un taumaturgo, una persona que obrara milagros y prodigios, de resucitar a la mosca. Tendría que ser sencillo, desde luego más que revivir a un ser humano, algo así como decir: Levántate, mosca, y vuela. Pero meditó que no tenía sentido, puesto que él no podría controlar a continuación el deambular del invertebrado; este volaría a su libre albedrío, saldría por la ventana, escaparía al exterior y finalmente el frío terminaría por defenestrarlo. Era ley de vida. Arribaba el invierno y las moscas morían. Como consuelo pensó que el insecto fallecía ahora pero seguramente habría dejado atrás sus huevos para que en primavera eclosionasen y sus descendientes volvieran a la carga. En el fondo ninguna información se perdía. Su carga genética se estaba perpetuando, y no se podía decir que una mosca contara con experiencia o con recuerdos. ¿O sí?

Mi gente

Decía una persona con la que una vez participé en una tertulia que cuando discurría sobre política siempre lo hacía desde el punto de vista de los trabajadores. No viene a cuento que ella desde luego no formaba parte de los trabajadores, o lo que entendía como trabajadores, sino que se trataba de una profesional burguesa y cualificada. Como he dicho no viene a cuento, no tiene que ver con el relato. La cuestión es, por mi parte, ¿podría hacer como ella, pensar desde el punto de vista de los trabajadores? Parece que está de moda y que resulta muy bonito decir esto, de acuerdo, la clase explotada tradicionalmente, la clase obrera, la que trabaja en las fábricas. Sin embargo, entre los trabajadores tambien están los hipócritas, los falsos, los que se ríen de los que son diferentes, los que se burlan ante un determinado punto de vista divergente, los que si estuvieran en otra posición te pisotearían sin pensarlo. ¿Puedo entonces hablar a favor de los trabajadores? Prefiero disponerme del lado de los freaks, de mi gente, de los apartados, los marginados socialmente, a los cuales les cuesta adaptarse a las normas socialmente aceptadas, los que no pertenecen a ninguna tribu, los que no saben integrarse en tribu alguna, los que no presentan interés en imitar pauta de comportamiento alguno. Mi gente, la que, por mucho dinero que tenga, y por mucho que el resto trate de enclaustrar en alguna etiqueta como burgués o trabajador, siempre estarán en el último escalafón, y siempre serán la burla, y a la vez el  clavo ardiendo, al que se agarrará el sistema.

Mr Turner

Los mitos no son como nos gustaría que fueran. Los mitos son mitos porque ejercen y siguen una disciplina imposible o casi inconcebible para el resto de los mortales. No se van de cervezas a diario, no socializan como a sus coetáneos les gustaría o sería conveniente que lo hicieran. Se deben a su arte, a su filosofía, a su ciencia. Cada gota de tiempo la invierten en esa pasión, en su estudio. La inspiración, como decía Picasso, debe alcanzarles en el lugar de trabajo. Schubert se separaba difícilmente de su piano o de sus pentagramas. William Turner transportaba siempre consigo su cuaderno de trabajo. Son por ello inalcanzables. La educación actual prima la inteligencia emocional, la colaboración mutua, el apoyo; con eso solo se generan seres mediocres, no mitos. Porque con la colaboración se mata la originalidad, el genio, y se incentiva la influencia, la contaminación. Y la contaminación solo sirve como base, y ha de ejercerse hasta cierto límite. Más allá debe preponderar el genio conformado por las musas, surgido y derramado por la esfera natural y celeste. Y para  eso es necesario la disciplina. Para las leyendas lo único que les sirve es disciplina, disciplina y disciplina, por muy romáticos que nos parezca que debieron ser, hasta separarles de la mayoría de las personas en derredor, hasta dirigirles a la locura y a la sinrazón. Y de nada nos sirve que un saltimbanqui vaya de aquí para allá divagando sobre que uno no debe preocuparse por nada, o que un filósofo se llame a sí mismo filósofo porque filosofe en el bar o en el banco del parque. El genio es a la fuerza disciplinarmente disconforme.

Intermedias

Conversaba con dos amigos acerca de una tercera amistad en común. Uno de ellos le pedía al otro si podía aconsejar al tercero no presente sobre su reciente amorío con una chica que, francamente, no le convenía. Es posesiva, manipuladora, pertenece a esa nueva hornada de jóvenes tanto ellos como ellas que emplean las nuevas tecnologías para controlarse mutuamente, y que conciben los celos como una manera de demostrar el amor. Él es muy inocente, nunca ha tenido novia, no ha conocido a nadie así, le van a hacer daño. La chica se cabrea a cada momento que no está con ella, a cada instante que desconoce con quién y dónde se encuentra. Para colmo nuestro amigo entra por todas, no le discute, trata de tranquilizarla, como nunca antes ha tenido novia le hace regalos caros, no se da a valer, permite que le pisotee. El otro día estuvo hasta las tres de la mañana tratando de calmar a la otra por un sofoco que le dio por un motivo tonto cuando a la mañana siguiente tenía que levantarse a las seis y media.

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Nocturnidad

A veces uno se cansa de conducir a solas, sin nadie con el que compartir gastos, con el que poder conversar, cantar, producir verdaderos silencios. Especialmente en la carretera de noche, con la multitud de coches viniendo de frente, con los locos que se atreven a adelantar en plena nocturnidad, sin poder poner las largas, con tu universo limitado a la distancia corta, con la incertidumbre de saber cómo será la siguiente curva. Es extraño, pero es de las pocas veces que estando en la carretera me siento solo, como si me faltara algo. Por ejemplo, el paisaje. Es la rara certeza y desazón de que paisaje y convivencia con los demás no cuajan, o una u otra, cuando disfrutas de una olvídate de la otra, inmiscibles, incompatibles, o esa circunstancia que dicen de los hombres que no podemos hacer dos cosas a la vez. Por contra las mujeres. Posiblemente por esto, en su día cuando compartía el Cabo de Gata con esa otra persona, era siempre ella la que delante del barranco, en la cala, en la playa de piedrecitas, ante la marea que bajaba y subía suave, se inclinaba para darme un beso o para acariciarme la nuca o el brazo.

Quizás por eso me perturba tanto conducir de noche, porque recuerdo, añoro, la intranquilidad me retrotrae tu memoria.

Pequeña Historia de la Música. Fernando Argenta

Para mí escuchar música clásica alberga un sentido de rebeldía. No provengo de un ambiente especialmente ilustrado ni melómano, relacionado con un conservatorio. De haber seguido la estela y la tendencia a mi alrededor me habría quedado en el rock, en el funk, en el pop, en la música melódica italiana. Pero en su época, a los catorce años, los grandes hits empezaron a aburrirme soberanamente, y en su lugar descubrí la música clásica de la que me empapé y casi obsesioné por seguir mi rumbo particular, por no hacer lo que el resto del mundo hacía, ya fueran mis padres o mis compañeros de clase, con dos grandes iniciadores, uno fue el Hermano Pepe, mi profesor de Historia de la Música, y el otro Fernando Argenta a través de Radio Uno y de Clásicos Populares.

Pequeña Historia de la Música es un libro, si no tengo mal entendido, publicado a título póstumo en 2014, puesto que Fernando Argenta falleció tristemente en diciembre del 2013. Por el diseño, por el lenguaje a veces, sobre todo en el primer capítulo referente a la música en la antigüedad, podría parecer que se destina a los niños. Pero no. Mejora, lo prometo, a partir de que llega a la Edad Media, y alcanza un clímax apasionante a través de las descripciones de las distintas vueltas y revueltas de lo que llevaron a cabo los compositores de las distintas épocas, para que la música alcanzara el estado de lo que se ha logrado hoy en día. Una evolución desde la prehistoria hasta prácticamente la actualidad, con las nuevas tendencias, hablando del rock and roll y de las grandes bandas sonoras del cine. Recomiendo leer Pequeña Historia de la Música con el ordenador al lado, y el Internet conectado, para no dejar de escuchar a cada referencia que hace, a cada autor que menciona, las piezas que han formado parte de la historia universal del arte sonoro.