Intermedias

Conversaba con dos amigos acerca de una tercera amistad en común. Uno de ellos le pedía al otro si podía aconsejar al tercero no presente sobre su reciente amorío con una chica que, francamente, no le convenía. Es posesiva, manipuladora, pertenece a esa nueva hornada de jóvenes tanto ellos como ellas que emplean las nuevas tecnologías para controlarse mutuamente, y que conciben los celos como una manera de demostrar el amor. Él es muy inocente, nunca ha tenido novia, no ha conocido a nadie así, le van a hacer daño. La chica se cabrea a cada momento que no está con ella, a cada instante que desconoce con quién y dónde se encuentra. Para colmo nuestro amigo entra por todas, no le discute, trata de tranquilizarla, como nunca antes ha tenido novia le hace regalos caros, no se da a valer, permite que le pisotee. El otro día estuvo hasta las tres de la mañana tratando de calmar a la otra por un sofoco que le dio por un motivo tonto cuando a la mañana siguiente tenía que levantarse a las seis y media.

Ante la exposición del primero su contertulio se encogió de hombros y comentó: ¿Por qué yo? Después cayó en la cuenta. Ah, claro. Lo dices por mi “personalidad independiente”, hizo un gesto con las manos subrayando las comillas. Porque si me sucediera a mí, porque si yo fuera quien me topase de frente con un ejemplar femenino semejante, que me echase la bronca por cualquier cosa, lo primero que diría sería: Mira, niña, te lo voy a dejar claro como el agua: ¡Puerta!

“Exacto”, comentó el otro.

Ya, pero y si te argumentara que no creo que sea tampoco muy sano lo que yo practico. Porque eso de estar mejor solo que mal acompañado, donde al final me acostumbro en exceso a la soledad y a no tener compañía. El autoconvencimiento de la falta de simetría, porque si una mujer fuera como yo, de carácter fuerte, tendría aún así a decenas de pretendientes a su puerta, mientras que por mi parte me sale una pareja por semestre o al año y no dura más de mes y medio, que cuando me invaden los ardores tengo remordimientos porque me siento tentado a acudir a prostitutas, así como cuando una mujer entra en mi vida resulta que es porque ha sufrido tantos fracasos y decepciones en su existencia que me acepta porque me ve tranquilo y aparentemente íntegro, y al principio la cosa va bien, pero con el tiempo, ante el miedo de perderme o que termine comportándome como quienes la engañaron, termina volviéndose celosa, posesiva, manipuladora e insistente como esa chica que describes… Pues qué quieres que le diga a nuestro amigo.

Dile que no puede resignarse y claudicar, que existen personas intermedias.

Ya, y que esas personas intermedias somos nosotros, entre los cabrones que engatusan y destrozan la confianza de las mujeres, y las locas posesivas que dominan y sojuzgan a los ingenuos e inexpertos, y que por ello siempre nos va a ir mal.

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