Archivos Mensuales: diciembre 2016

La casa desperdigada

Los libros en Sevilla,

el piano en Extremadura,

el calefactor se quedó olvidado en Almería,

el corazón en el camino

y la casa desperdigada;

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Bubú de Montparnasse. Charles-Louis Philippe

Novela decimonónica desarrollada en un ambiente decimonónico. Rebosa de falta de esperanza, de fe en un mañana mejor, de resignación. Pues claro. Describe la ciudad de París cuando París aún no conocía el París mejor, los tiempos de comodidad y confortabilidad, la bohemia de los años veinte, la reconstrucción de los cuarenta y cincuenta, los movimientos revolucionarios de los sesenta. Bubú de Montparnasse es un retrato de la sordidez en el XIX, probablemente el París más sórdido de cuantos ha habido, del submundo de la prostitución, donde los integrantes se sienten parte de la comunidad a base de compartir enfermedades, como la sífilis (por entonces incurable), y la miseria. La ciudad todavía trata a patadas a sus burgueses que aún así no se vislumbran capaces ni con ánimos de escapar. Las palizas, la cárcel, la violencia, la soledad, el desamparo, el abandono, el saberse capacitad@ de aspirar a una vida más favorable y digna, pero la trampa que supone la comunidad de los bajos fondos, considerar la carne como un producto, y la propia vida como algo en venta. Novela decimonónica, y con lenguaje decimonónico, cuando los escritores eran grandes moralistas y no simples descriptores. Novela corta, que se lee rápido, de lectura cómoda y confortable. Describe lo sórdido, aunque desde luego no se diseñó para un ambiente sórdido, más bien precursor de lo bohemio.

Sin tí y sin mí

Ni solo ni con compañía,

ni con gente ni sin ella,

ni cuando voy solo o viajo acompañado;

conducir por la llanura en otoño,

con los acantilados de nubes en la lejanía,

recorrer el desierto, la estepa, el bosque, la montaña,

y no tener a nadie

a quien decirle: Es hermoso, es bello y agreste

como tus párpados cerrados, como tu mirada;

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Burgués o no burgués

Me dice uno de mis contertulios, en una cita de café en un local de una franquicia a nivel internacional, que el excesivo orgullo es burgués, que cuestiones como no aceptar la ayuda de tus congéneres, desmentir absurdamente la condición de precariedad en la que uno se halla, no admitir con humildad que a veces te haga falta apoyo, el orgullo desmedido por llevarlo todo adelante por uno mismo, tanto las virtudes como los problemas, son cualidades típicamente burguesas, y que incluso el considerar el prostituirse como un oprobio (por supuesto siempre que no sea explotación o esclavitud, sino una situación que alguien ha elegido por propia voluntad) es burgués.

Y yo que pensaba, como profesor de Historia, que burgués era el nombre con el que se denominaba a los pobladores de las ciudades en la Edad Media, tanto al patriciado como a la plebe urbana, tanto a los ricos como a los pobres.

Paterson. Jim Jarmusch

Parece una película de Jim Jarmusch, instalado en la lentitud cotidiana, en el respirar por sistema, en la grandilocuencia de lo anodino. Caminamos, dedicamos tiempo a conversaciones triviales, de vez en cuando nos topamos con lo esperpéntico, con la nota disgresora. Porque lo esperpéntico como detalle diferente también forma parte del hábito de la existencia diaria. Uno que pensaba que este discurso era propio y original de Jarmusch, el director de culto independiente por excelencia. Pero ya existía antes, desde los años cincuenta, en la obra de un poeta que francamente en España no conocemos, y que no suele salir en las películas norteamericanas como William Carlos Williams. Paterson es ante todo un homenaje a este autor, a través de la localidad donde habitó, desde un tipo de poesía inspirada en lo que redactó, desde los lugares que le conmovieron y conformaron su ciclo vital. Paterson pertenece a un tipo de cine que no gustará al gran público, muy lento, sin argumentos que den la vuelta, sin explosiones ni dramatizaciones. Sin embargo, dentro de lo lento convence. Te hace recordar: tú que dices que ante todo lo que te gusta es la prosa, existe también la poesía, y no aquella pretenciosa que reivindica fantasías y castillos en el aire, sino anclada en lo verosímil, en lo que ocurre cada día, en la habitual evolución de un mundo desarrollado y confortable. Jim Jarmusch se disfraza de William Carlos Williams, y lo hace tan bien, es tan convincente, que resulta una película que no es de Jim Jarmusch pero que parece de Jim Jarmusch.

En la trampa. Herta Muller

“En la trampa” es un conjunto de tres ensayos redactados por la Nobel de literatura 2009 Herta Muller. Estos escritos tienen como denominador común el tratarse de comentarios críticos de la obra de tres autores mayormente desconocidos cuya característica principal ha consistido en haber sido tocados por el autoritarismo y la opresión. La sociedad nazi, los campos de concentración, la RDA. Las obras de estos escritores, ya se trate de prosa o poesía, coinciden en hallarse salpicadas de sangre y de odio, en cuanto que rezuman de primera persona, de ser el balance de testigos directos, subjetivas pero procedentes y motivadas por una descarnada objetividad. Con estos textos Herta Muller construye reflexiones sobre la ética, sobre el perdón, sobre el olvido. ¿Pueden los verdugos ser perdonados? ¿Incluso aquellos que actuaron como verdugos de manera indirecta empujados por las circunstancias? A veces las reflexiones son muy duras, el castigo y el oprobio para la mitad del pueblo, para el porcentaje de la población que no quiso ver y con ello permitió. Leyendo a Herta Muller uno se percata de la tristeza y desesperanza de la condición humana. No solo en el conformismo que permite el desarrollo de la trampa, sino por ejemplo en la necesidad de verismo, en la ansiedad por el realismo. ¿Necesita la humanidad tragedias y destrozarse a sí misma para conformar excelentes obras?