La casa abarrotada (2º intento)

No quiero tenerte en mi vida,

no cuando prometiste olvidarme

y sé que tienes mala memoria;

en cambio yo llevo mi casa a rastras,

los armarios llenos de trastos,

las estanterías rebosantes de libros,

y entre hueco y hueco ojalá

no hubiera espacio para tu recuerdo;

denso, abultado, espeso,

rellenando el vacío entre ladrillos a manera de argamasa;

no sé si en la vejez me recordarás,

por mi parte sé que lo haré,

los músculos me fallarán,

la respiración me faltará,

pero mi mente te rememorará:

“Estuve contigo”;

solo puedo clamar que ojalá sea un recuerdo difuso,

confuso, neblinoso,

que la casa se me llene de luz,

de aire,

para embrollarte;

de una maraña de experiencias, de un nuevo amor,

para abarrotarla todavía más,

aunque llegue a ser incapaz de moverme,

para que dejes de ser especial,

de modo que si te tengo que recordar en mi vejez

que así sea;

mas únicamente en la vejez.

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