Forma y complejidad 02

Concluíamos: la forma como factor de relacionabilidad. Con esta definición, si fijamos “forma” como aquello que se pone en juego en las relaciones, del mismo modo se establece la forma como lo que crea distinciones.

El interrogante es el siguiente: ¿puede concebirse el concepto “relación” sin al menos dos o más entidades que se relacionan? Dicho de otro modo: ¿puede un ser relacionarse consigo mismo? La respuesta a priori por nuestra experiencia parece que es afirmativa. Sin embargo, lo es porque nuestra forma nos compone como entidades donde se pueden distinguir diversas partes. Como mi tronco, mi cabeza, mis brazos. Por ejemplo, con mi mano toco mi pié, es un modo de relacionarme conmigo mismo. Pero si solo existiera una mano. O incluso no una mano, sino una masa informe e indiferenciada. ¿Qué sentido tiene que dentro de un continuo indiferenciado se establezca de repente un vector? Mejor dicho, el que se pueda disponer dicho vector crea una relación, y a la vez una distinción, una distinción en cuanto que abrimos la posibilidad de un enlace entre un punto localizado y otro, únicamente entre esos dos puntos con un recorrido intermedio destacándolos del resto.

Por lo tanto la forma como factor de relacionabilidad y al mismo tiempo como aquello que crea distinciones. La noción de forma se haya correlacionada con la noción de alteridad, de la existencia de un otro.

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