Forma y complejidad 07

La sucesión es la siguiente: de un objeto se compone un mensaje, de un mensaje surge una forma, y así continuamente. Cabe hablar de cómo la forma se traduce a un mensaje. Y viceversa, cómo la información puede ser descodificada para que se origine una forma.

El término traducción no es el adecuado. Procede del latín traductio, -onis, que significa llevar de un lugar para otro. Aceptar el término traducción sería definir forma e información como completamente diferentes. Pero como hemos visto no es así. Replicar que sí lo es sería ofrecer un argumento semejante al de la Idea platónica con las sombras en la caverna. La información es lo inmanente, lo eterno, lo que perdura y hace que la materia y la energía en el universo reproduzcan siempre las mismas ideas y la misma forma; y la forma lo voluble, lo cambiante, lo que se relaciona, tergiversa y degenera.

Pero la información se refiere a la forma, no al revés. La información no puede ser inmanente por ello. En vez de traducción, cabe hablar de “transducción”, del latín transductio, -tionis. Su sentido es el de transmisión (ducere, llevar) de algo a través (trans-) de un determinado medio que actúa sobre el objeto, provocando en él ciertas transformaciones. Al llevar a cabo el proceso de descodificación del mensaje para formar una entidad, este deviene modificado, alterado. El mensaje no es inmanente, sino que posee una forma. Por ello, transducción es el término adecuado.

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