Forma y complejidad 12

El punto a continuación se puede definir como “el dilema del que padece y observa”. Imaginemos el punto de vista particular de una persona que en una pelea ha sido golpeada. En el cuerpo de su oponente puede observar los rastros provocados por los efectos del golpe, como la tensión de los músculos, los nudillos amoratados, etc. Además es capaz de percibir el rastro que este acto ha ejercido en su propio cuerpo, el moratón, los huesos rotos, la parte afectada e hinchada. Reconoce al sujeto impreso en sí mismo. El cardenal es algo que ha modificado su forma y se constituye como rastro dejado por la acción del otro.

Ahora bien, el individuo pensante también es capaz de percibir la magulladura como la señal de algo que él mismo ha efectuado. Se ha metido en una pelea. El sujeto activo coincide en este caso con el sujeto impreso. Ha hecho algo, esto ha traído consecuencias y hay una marca que lo demuestra.

Antes se ha comentado. Los rastros se independizan de los seres que los han generado. Seguir manteniendo este axioma es como decir que el sujeto activo no puede coincidir con el sujeto impreso.

Por lo tanto, he aquí un dilema, una contradicción en el discurso.

Si negamos el axioma, al cual vamos a denominar “axioma de independencia”:

  1. El sujeto activo se concibe instigador de la marca sobre sí mismo. La impronta es lo mismo que autotransformación. Su naturaleza es la suma de sus acciones.

Planteando como necesario el axioma de independencia: los rastros se independizan de los seres que los han generado, caben las siguientes posibilidades:

  1. El sujeto impreso no se concibe culpable de la marca impresa sobre sí mismo. Es algo que únicamente el otro ha efectuado.

  2. El sujeto impreso concibe una separación entre su pensamiento y su cuerpo. El moratón es algo que le ha sucedido a su cuerpo, a su carne, qué es distinta de su conciencia. El sujeto que piensa no es ni sujeto activo ni sujeto impreso, sino que se trata de un observador.

  3. El sujeto no concibe diferencia entre su pensamiento y su cuerpo. Pero el cuerpo unido a su pensamiento presenta una imagen ideal en la que el moratón no tiene cabida, concibiendo la marca como una especie de ente extraño que se ha adosado a la forma. Como un tumor que no pertenece a su esencia, sino un añadido que no es constitutivo a su ser.

Estos cuatro punto habrán de ser entendidos los cuatro “desarrollos del axioma de independencia”, en cuanto que surgen de su negación y de su afirmación.

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