En el hospital

Puedo dudar

si las ideas que surjan aquí son mías o aparecidas,

por la fiebre, los antiinflamatorios, los antibióticos,

la estrechez de las camas, la incomodidad, la quejumbre de los compañeros de observación;

puedo dudar si lo que veo es real o inducido,

por los fantasmas, los rastros anímicos, el aroma a paracetamol,

que rima con “para hacer el amor”;

No hay ventanas, la luz es artificial,

ocho camas, techo rectilineo y gris,

aparatos, tubos, agujas, ningún televisor,

se escucha llover afuera,

el aburrimiento me hace contar la gotas,

los lamentos de mi camaradas,

la conversación velada del doctor;

puedo dudar

si el que el techo se mueva se trate de una alucinación o

que mi cuerpo frágil, pusilánime,

Se cura, se mantiene como punto fijo,

mientras el universo se desplaza en derredor.

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