Don Quijote en el exilio. Peter Furst

La población del mundo durante la Segunda Guerra Mundial era de 2500 millones de habitantes. Con que solo uno de cada 50.000 perteneciera a un mundo lo suficientemente civilizado y acomodado como para saber leer y escribir, hubiese sido lo suficientemente afortunado para sobrevivir (condición en ocasiones no indispensable), así como poseyese ese resquemor interno que insufla deseos de narrar lo que aconteció, tenemos cincuenta mil relatos distintos y variopintos sobre la II Guerra Mundial, los suficientes como para llenar los días de una vida. Los hay de todo tipo. De los soldados de cualquier frente, de los civiles que sufrieron penurias, de las minorías que padecieron persecuciones y exterminio. “Don Quijote en el exilio” es la autobiografía de un alemán descendiente de judíos que tuvo la cautela, o las amistades pertinentes, que le permitieron huir de Alemania antes de que todo comenzara. Recaló en España, fue testigo del estallido de la Guerra Civil, se marchó del país, fue corresponsal de guerra desde la comodidad de un café vienés… La historia de “don Pedro” es, dentro de las cincuenta mil líneas narrativas que conforman el universo autodocumentado del mayor conflicto hasta el momento, una narración de la retaguardia, configurado por alguien cuyo origen e identidad suponía un peligro, pero que contó con los apoyos necesarios para que ese riesgo no fuera tan elevado como el de un soldado en la trinchera o el de un marcado en el ghetto. Don Pedro recorre los trenes de toda Europa: España, Viena, Yugoslavia, París… Termina marchando a la República Dominicana. Su historia es la de un superviviente, no la de un luchador; describe, rara vez denuncia. Los personajes variopintos se van sucediendo. El mundo se tiñe de oscuro, se entenebrece, se vuelve gris, pero nunca negro. Su transcurso rodea las zonas de combate, no las atraviesa. Europa arde, pero no se desmorona del todo. Entre las ruinas se debate don Pedro. Y donde quiera que va encuentra a aquellos que reconstruirán el mundo tras la debacle. Un libro no tanto dedicado a las víctimas como a los supervivientes. Una lectura paralela a los hechos bélicos. La II Guerra Mundial no solo fueron batallas o campos de concentración, también soñadores exiliados que rodearon su país sin jamás volver a pisarlo.

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