El final de la historia. Lydia Davis

Decía Lydia Davis, una famosa escritora de cuentos y relatos cortos, que de pasarse a la novela, su referente sería Sebald. Pues bien, compuso una novela titulada “El final de la historia” y hasta cierto punto su referente e inspiración ha sido W. G. Sebald. Novelista ya fallecido, uno de los autores más conocidos de la última década del siglo XX, con obras como Austerlitz o Los anillos de Saturno. La trama de sus escritos es marcadamente autobiográfica, o al menos el tono con el que escribe hace suponer que esté hablando de su propia biografía, en primera persona, interponiéndose como un protagonista de lo que observa. Sebald no organizaba sus textos en torno a capítulos, no rompía el discurso con una numeración o unos títulos. Sus descripciones se desarrollaban una detrás de otra sin guiones ni espacios en blanco. Era casi rapsódico. Se ponía a debatir tan pronto de la impresión que le habían producido los clientes de un hotel, como pasaba a describir acerca de la historia de un antiguo soldado que en su día habitó en ese hotel, como hacía alarde de erudición parlando de historia del arte informando sobre el arquitecto y los decoradores que construyeron ese edificio u otro de las cercanías. Y todo eso sin separaciones, de corrido, acompañando de fotografías. Saltaba de tiempo en tiempo, de época en época, sin un orden preciso. Únicamente guiándose por lo que requiriera la narración. El resultado era la constitución de una lectura minoritaria, prácticamente sin trama, sin un propósito, por el simple placer de la lectura. Como leer los pensamientos de un viajero, como imaginarse lo que puede estar discurriendo una persona sumida en sus sueños que dormita en el asiento de al lado en el tren. La función de la obra de Sebald era, más que narrar una historia, reconocerse en aquello que se describe.

“El final de la historia”, de Lydia Davis, es una relectura ligera (o light, aunque no me gusta emplear anglicismos) de la obra de Sebald. Si acaso es cierto que parte de Sebald. Una novela muy personal, una enumeración detallada de los sucesos de una relación tormentosa, repleta de inseguridades, de obsesiones y de traumas, que le dejó una aventura que mantuvo con un hombre más joven que ella. No separa en capítulos (aunque distingue entre fragmento y fragmento con espacios en blanco), produce saltos en el tiempo. De hecho comienza con el final de la historia. Lo importante es el transcurso. Como escritora es portentosa, con una prosa que no cansa, no produce confusión ni malestar, que introduce conceptos complicados de manera clara y sencilla. Solo achacarle, a título personal, que lo que describe está lleno de lugares comunes. Es decir, un lector con treinta o cuarenta años es capaz de decir que prácticamente todo lo que se describe ya lo ha vivido, forma parte de su experiencia. Vuelvo a señalar que, a título personal, a pesar del placer que produce leer a Lydia Davis, resulta aburrido. El final de una historia es el término de una narración que yo mismamente he padecido. No me introduce nada nuevo.

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