Ocurrencia

Lo difícil que es encontrar a una persona de mi generación, alguien que no sea un adolescente, un ser cuyo momento de lucidez se halló en las postrimerías de los treinta, y que ahora viva de las rentas, un ente que no abogue por el culto a la juventud cuando está claro que su camino vuelva hacia la madurez, un tardotreintañero que fue original en su momento, consecuente consigo mismo, en los treinta, pero que ahora en la decadencia y en el horror a la vejez, a la muerte y al vacío, se empeñe en comportarse como un adolescente, con lo aburridos que son los adolescentes, lo sé por experiencia propia que trabajo treinta horas a la semana con ellos, donde todo signo de rebeldía es acometido por presión social, porque el resto observa, todavía no son ellos mismos, sino las personas que los demás buscan que sean, huyen de responsabilidades, son corruptos, aprovechados, no razonan, reconocen en los adultos a sus enemigos, y lo difícil que es no ser así, que es crecer y no aterrorizarse, que surjan las arrugas y retroceder atrás en huida hacia el pasado, procurar no recordar los errores, ser desenvuelto, aparentamente aleatorio, disolver la memoria que podamos tener, no tener remembranzas, una vida por definirse, volver a ser un adolescente sin preocupaciones, en el fondo la adolescencia como una suerte de vejez prematura.

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