Mediterraneos. Rafael Chirbes

Como el mismo autor indica, Mediterráneos es una colección de artículos publicados en revistas, mayormente durante la década de los noventa. Referencias a viajes, a lugares donde el escritor estuvo, impresiones, aclaraciones, descripciones e historietas varias. Así como algunos de los artículos fueron modificados para que hubiera coherencia en el conjunto.

Mediterráneos es un título de la literatura viajera de este país, y como tal cabe mencionar a un clásico como lo es “Viaje a la Alcarria”, de Camilo José Cela. De hecho en ocasiones Chirbes se refiere a sí mismo en tercera persona, y lo hace como “El viajero”. Aunque no es del todo coherente en este sentido, porque tanto habla en tercera como puede hacerlo en primera. Por otro lado, más diferencias. Don Camilo describe, rara vez da opiniones o un dictamen sobre lo que ve. En cuanto a Chirbes, más que descripciones, son evocaciones. Los pasados gloriosos mediterráneos, los templos, los aromas a especias, las antiquísimas civilizaciones, las arquitecturas, las costumbres, los bazares, los puertos, los zocos… Todo ello bajo el prisma de una prosa rica, colorista y evocadora. El Cairo, Italia, los Balcanes, el norte de África…

Pero en el fondo es más de lo mismo, lo que muchos antes de él han acometido, el relato que trata de vigorizar un mundo en decadencia, el viajero occidental al que se le cae la baba de descubrir un universo tan diferente al suyo, tan anticuado y obsoleto pero al que precisamente da lustre y esplendor a modo de romántico decimonónico, a la par que con saña expurga su propia realidad. Lo más interesante de este libro no es tanto incidir en el enésimo escapismo con respecto a los universos mediterráneos, ah, sí, los canales de Venecia, ah, sí, el fluir milenario del Nilo, como la mala leche con la que destripa los entresijos de una realidad mucho más cercana en el espacio como es Benidorm. Claro, mientras El Cairo tiene cientos de años de evolución, Benidorm es una rareza contemporánea que se ha forjado en dos o tres décadas. La modernidad da asco, el árbol joven es menos interesante que el antiguo y arrugado. Mas si he de salvar uno de los artículos de este libro es precisamente ese, la crítica al turismo de masas de la costa valenciana. Teniendo en cuenta que hablamos del Benidorm de los noventa, que aún no se han levantado los rascacielos que hoy en día despuntan. Pero el autor ya repudiaba esa realidad, el odio o la lujuria contenida que rezuma Chirbes sobre Benidorm es lo que mayormente merece la pena de este título. No más el conferenciante que vende un destino desfasado, no más el guía que nos invita a un museo congelado en el tiempo. Si ese fuera el tono que hubiera empleado en el resto de escritos estaríamos ante una obra maestra. De hecho en algún que otro instante ha destilado esa mala baba que le sienta tan bien. Pero es tan perentoria, tan anecdótica.

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