Archivos Mensuales: agosto 2017

Elling. Invarg Ambjorsen

De ampliar fronteras va este escrito. “Elling, Hermanos de Sangre”, el primer volumen de una tetralogía acerca de uno de los personajes más famosos, entrañables y carismáticos de la literatura noruega, un verdadero fenómeno en su país, casi a la altura de lo que el buen soldado Svejk supone para la República Checa. Y sin embargo, por mi persona supe de esta novela casi por casualidad. Nadie me había hablado antes. Leí un poco por encima la sinopsis y me atreví. Pues eso, de ampliar fronteras va la cosa, de conocer otras culturas.

Elling es un chico con una gran imaginación que casi pudiera tildarse de paranoico, enfermizo e hipocondríaco. Tiene un compañero, Kjell Bjarne, con el que convive siendo ambos receptores de una paga del Estado y de un piso tutelado. Sendas líneas vitales albergan sus similitudes, una infancia aislados del mundo, sobreprotegido el uno, maltratado y abandonado el otro. Ahora deben enfrentarse a la vida, a las novedades, al exterior, a las calles de una gran urbe, a los celos, al amor.

Se supone que es una comedia. A mí no me ha parecido tal, quizás por lo que me toca, y por el panorama por el que muevo día a día. Puedo considerar que es una comedia del mismo modo que “Los renglones torcidos de Dios” me lo llega a ser. En todo caso, una lectura amable, amena, entretenida. Dos amigos con ansiedad social dispuestos a ampliar su círculo, a traspasar las fronteras de lo que han sido hasta el momento sus vivencias cotidianas. Aprendizaje a base de ensayo y error, con fallos memorables, el mundo que no satisface la lógica, ni tampoco se corresponde a la imagen de lo que uno ha contemplado en el cine y en la televisión. Una crítica de lo que van viendo y van encontrando, a veces descarnada, otras irónica, en ocasiones absurda y desmesurada. Amistades a base de encontronazos, funestos algunos, afortunados otros, la cara amable y estresante de la convivencia en sociedad. El trasunto es cómico. Aunque, repito, puedo reconocer tantos comportamientos de Elling y su camarada Kjell Bjarne en personas de mi entorno que no me lo tomo como comedia, sino casi como análisis empírico.

Ballena II

Es sencillo comprender lo que sucede, el autor se harta de palabras vanas, de que nadie lo lea, ya no por falta de calidad, o de interés, es simplemente sobresaturación, televisión, radio, satélite, Internet, pura inercia, no ser conocido provoca el aislamiento, si hasta su familia cabecea con solo tomar el manuscrito, o en los juegos de rol, preparar partidas para no tener jugadores, excusas, excusas, falta de tiempo, el nombre sumido en la ignorancia, ni un triste fallecimiento podrá sacarlo del olvido, el autor ya no encuentra ánimos, puede argumentar, lo hago por afición, por propio gusto, por Mor de ser creativo, mas se vuelve más sencillo imaginar y no dejar por escrito, elucubrar y no componer, no organizar, porque para qué, tumbarse en la cama, tal cual ballena varada, y dejar que las grasas de la molicie se extiendan, se tornen pliegues de piel alrededor de la cabeza, el cerebro se aplana, se vuelve sabana en vez de hemisferios, el pensamiento alisado, horizontalizado, llanura inerte y no valle, páramo en lugar de cordillera, es menos fatigoso abandonarse a la asfixia que batallar, resoplar que levantarse, si al menos hubiera pequeñas victorias, éxitos esporádicos, eso es lo que le falta al autor, una esperanza limitada, pero no son tiempos proclives ni para el autoengaño.